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LOS CENTROS DEL SEXO

Una relación sexual es una forma de expresión, de comunicación, y es a su vez un espacio donde la cultura y sociedad también ingresan. Parece que estamos solos/as en ese momento íntimo, pero hay ciertas pautas culturales que también están jugando un rol importante: nuestro vínculo sexual quizás no sea tan libre como pensamos.


Imagen: "Los Amantes" Rene Magritte

Se habla de relación sexual cuando es nuestro ser sexual el que predomina en escena en la interacción e intercambio con otro/a, eso es que nuestro erotismo, afectividad, biología y género se ponen a jugar, allí donde deseamos.

En la sociedad actual la sexualidad tiene ciertas características. Conocerlas y hacer una crítica de ellas nos puede acercar a lograr un mejor disfrute de nuestros vínculos sexuales, intentando que los mismos sean más plenos y placenteros.

En el estudio de la sexualidad humana en nuestra sociedad encontramos lo que podemos denominar como “centrismos”, o sea dónde nuestra sociedad pone foco para enseñarnos sobre sexualidad, y los mismos repercuten en nuestro ser sexual. Una característica de los “centrismos” es que no son simples modos de ver, sino que son altamente rígidos y demandantes de que su forma de explicar las cosas son LAS verdaderas y todo aquello que no sea así está MAL. Por lo tanto, de alguna forma existen “penalizaciones” para aquellas prácticas que estén por fuera de dicha pauta de conducta “correcta”. El exponerse a estar por fuera de ellas tiene sus consecuencias y es asumir un riesgo frente a otros/as que me observan y me regulan.

Comencemos pensando cómo nuestra sexualidad está muy basada en el encuentro coital, o lo que se define como coito-centrismo. La penetración en un encuentro sexual parece marcar gran relevancia, llegando al límite de suponer que si no hay coito no consideramos que se mantuvo una relación de carácter sexual. Esto nos deriva en el concepto de genitalidad, ya que para que haya coito entonces tienen que estar necesariamente involucrados los genitales, y los mismos pasan a tener un protagonismo y por tanto carga emocional, física y psíquica muy grandes, ya que son de esta forma los únicos responsables de nuestro placer y satisfacción (qué gran responsabilidad ¿no?) 

Nuestra sexualidad es mucho más que nuestros genitales y el encuentro de los mismos con otros (y eso solo si pensamos en relaciones coitales del tipo heterosexual), ya que todo nuestro cuerpo es pasible de ser excitado y por lo tanto puede experimentar el placer sexual con gran satisfacción, ya que es en sí nuestro cerebro el que guía nuestra sexualidad. Algunas consecuencias de este “centrismo” son el hecho de que nos podemos perder de disfrutar más enteramente toda la capacidad de nuestro cuerpo para sentir placer; desestimamos otras prácticas y las minimizamos.

Eso no solo trae consecuencias en el disfrute, también genera angustia a aquellas personas que por cualquier motivo no cumplen con el objetivo socialmente marcado de llevar a cabo con el acto coital; se genera una carga muy grande sobre una parte de nuestro cuerpo (genitales).

¡Tenemos más cuerpo por disfrutar, más mente también! 


Centrando en el coito lo sexual nos perdemos de inventar y crear en el encuentro, y solo seguimos lo que “se debe de hacer”, como si fuera solo una la posibilidad.

Pasemos a otro “centrismo”, que muy relacionado con el anterior, habla de que es importante, para que haya una verdadera relación sexual, la presencia de un falo, de un pene. Aquí se revela la importancia que se le da al varón y a su posibilidad biológica de penetrar a otro ser, y no así a la sexualidad de otros seres que no tienen esa posibilidad, las mujeres por dar un ejemplo. Quizás esto esté relacionado con el hecho de que nuestra sociedad está pensada desde y para los hombres, y ellos son los que tienen el protagonismo con su “poder” (androcentrismo).

Aquí vemos que se considera que aquellas relaciones donde no hubo penetración no son realmente sexo, son otra cosa pero no sexo, y esta desestimación no es inocente, se intenta legitimar una cosa y deslegitimar otra. A su vez también esto nos da pauta de que aquellos seres que no pueden penetrar son secundarios, meros objetos de otro con ese poder.

Nuestra cultura a su vez está pensada desde el “mundo hetero” (es heterocentrada), lo normal para ella entonces es que todos los seres sean heterosexuales y que hay casos fuera que no lo son, que no se adaptan a la norma, ¿podemos ver que las “normas” las creamos nosotr@s mism@s y que por tal podemos cambiarlas?

Lo que sentimos, lo que nos gusta, atrae, lo que nos excita y lo que deseamos, de eso nos perdemos cuando intentamos hacer “encajar” nuestra sexualidad en normas creadas con fines muchas veces alejados de nuestra realidad, nos desconectamos de nuestro propio sentir.

Una frase que leí alguna vez decía que “no escuchamos para comprender, sino para contestar”. Me hace pensar que cuando nos relacionamos sexualmente para cumplir o seguir guiones nos perdemos de nuestro potencial inmenso en este tema, creo que podemos dejar de ser cuerpos sin deseo para animarnos a sentir.

Josefina Melgar López
Lic en Psicologia, Terapeuta y Educadora Sexual

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