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UNA LECTURA RECOMENDABLE: “LAS CENIZAS DEL CÓNDOR”

El escritor Fernando Butazzoni, presentó su libro “Las cenizas del Cóndor”, en el marco de Libros en el Escenario en el teatro Lavalleja, acompañado por el escritor Milton Fornaro y el director de Cultura de la IDL, Hebert Loza.



Butazzoni, señaló que la historia de “Las cenizas del Cóndor”, “me buscó a mí”, recordó que por el año 2000, un joven se le presentó en su trabajo, en Radio Sarandí, con la “punta de la historia”, a partir de ahí, fue encontrando elementos que “no se podía terminar más de armar, siempre había algo más, era inconmensurable, cada situación concreta se enmarcaba en una situación general muy compleja, e internacionalmente muy vinculada. En suma, fue una historia que me buscó a mí, y yo tuve que ponerle la investigación para entenderla. Ese proceso me llevó 10 años”.

Al preguntarle cómo definiría el Plan Cóndor, responde que “fue un proyecto pensado a largo plazo por algunos organismos de inteligencia, con el apoyo y el aval del gobierno de Estados Unidos, y de la CIA, y de otras agencias. Fue un plan destinado a borrar las fronteras nacionales, en las tareas de represión y persecución de los opositores políticos. Involucró a Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil y Chile, y otras partes. Investigando eso, descubrí un elemento clave: todo el mundo pensaba que el Cóndor había empezado a funcionar a fines de 1975, -a partir de una reunión oficial en Chile-, pero en febrero de 1974, ya el Plan Cóndor empezó a funcionar con una reunión en Buenos Aires, a la que por Uruguay asiste el inspector Víctor Castiglione, que era el director de Información e Inteligencia (de la dictadura). Se acuerdan ahí los lineamientos centrales de cómo operar en otros países: reprimir más allá de la legalidad, intercambiar información y prisioneros, utilizar documentación falsa, utilizar dineros sucios, y eso se llevó a cabo puntualmente”. 

Sobre si aún quedan vestigios, o si tuvo un final el Plan Cóndor, señaló que “ese es un gran tema, si uno analiza, hay ramificaciones que se extienden a lo largo del tiempo, porque el Plan Cóndor estaba vinculado a otros grupos que operaban en Europa, en América Central. Pienso que actualmente, la mayoría de las instituciones de esos países del Cono Sur, Estados Unidos, o Italia, tienen un enfoque distinto de la problemática, y sobre todo no hay enfrentamiento de superpotencias, como había en aquellos momentos. Eso hace que las estructuras represivas del Plan Cóndor hayan ido desapareciendo, como la coordinación, la operativa fuera de fronteras, lo cual no quiere decir que no haya aún oficiales y civiles que siguen manteniendo vínculos de “amistad” y de coordinación en algunos aspectos. 

El libro está escrito como una novela, hay ficción, hay historias verdaderas, asegura el escritor que “los únicos elementos de ficción del libro, están vinculados con la edición del texto, con el armado en fragmentos que me permitiera hacerlo comprensible para los lectores. Los episodios y los personajes son reales, muchos de los personajes viven, y están nombrados con sus nombres verdaderos, salvo un par de caso, por razones de decoro o a pedido expreso, los demás están nombrados con sus verdaderos nombres. Descubrí una historia personal, el resto son todas documentaciones que se me fueron revelando a lo largo del tiempo en expedientes, juicios, publicaciones, libros, material que estaba todo muy disperso, traté de juntar todo y darle una lectura coherente para que un lector común entendiera lo que había pasado en el Cono Sur en esa época”.


Son temas dolorosos, donde las miserias humanas están llevadas al límite. ¿Cuánto sacude, o daña al escritor que al fin y al cabo es un hombre?


Sí, queda, y mucho, esta novela me costó literalmente sangre, sudor y lágrimas, no solo porque me llevó mucho tiempo, sino porque fui sometido a tensiones, a estrés emocional fuerte, y te digo más, ahora, a un año de la salida de la primera edición del libro, sigo recibiendo devoluciones de gente, llamadas telefónicas, gente que quiere pasar un dato, otra que me recrimina alguna cosa que puse. Y uno, al escribirlo se entrega por entero, después tiene que aceptar las consecuencias. Ha sido difícil, para mí, y también para mí familia no fue fácil. 


Usted la última década ha venido ocupando cargos en la gestión pública, enfrentó conflictos ¿cuánto afectó al escritor? 


Muchísimo, porque yo no le podía dedicar el tiempo, ni la calidad del tiempo necesario para escribir. Sobre todo los últimos tres años que estuve en el SODRE, tenía la novela prácticamente terminada, pero tuve que esperar dejar el SODRE -que lo dejé por otras razones- para poder dedicarme a chequear, corregir, editar, y escribir. Un trabajo que se hace seriamente requiere tiempo. Si hace una cosa no puede hacer dos. 


¿Extraña al periodismo?


Sigo haciendo periodismo, pero con otro perfil, no ese trabajo diario de una radio o un diario, pero hago notas largas para revistas de otros países, participo en programas de radio. Me siento periodista. Cuando uno trabaja como periodista durante mucho tiempo, y está en la redacción de un diario o un estudio de radio, eso no se va más, y es un oficio muy lindo, digno, emocionante, como decía Gabriel García Márquez: “Es el mejor oficio del mundo”. 


Coincido totalmente. Muchas gracias.

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