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VIRGEN DEL VERDÚN: HISTORIA DE UNA CENTENARIA PEREGRINACIÓN

Como ocurre cada 19 de Abril, el Cerro Verdún volverá a convertirse en el punto de encuentro de miles y miles de peregrinos que dejarán sus ofrendas y súplicas frente a la imagen de la Virgen del Verdún. Repasamos la historia de esta peregrinación, fenómeno cultural del pueblo uruguayo



LA FIGURA DEL PRESBÍTERO DE LUCA
La centenaria peregrinación a la Virgen del Verdún tiene una asociación indisoluble con la acción decidida y entusiasta de su principal impulsor como sin dudas fue el Presbítero José Antonio Vicente De Luca (hijo de Donato De Luca y de Catalda D’Elía de Brienza, nació el 24 de abril de 1865 en Sasso Castalda -Provincia de Potenza-, Italia). De Luca fue convocado desde Uruguay por un tío materno, Reverendo D. Antonio D’Elía, entonces Cura Párroco del Reducto de Montevideo. Llegó a nuestro país en julio de 1879 ya que con apenas 14 años edad debió partir clandestinamente desde Nápoles. De Luca cursó sus estudios en el Seminario de Montevideo entre 1880 y 1890 año en que fue ordenado Sacerdote. 

Una circunstancia singular lo elevó al cargo de Bedel de los seminaristas. El 19 de abril de 1885, en la capital del país, y bajo la Presidencia de Santos se realizó una gran manifestación masónica y corrió el fuerte rumor que por la noche se iría a quemar el Seminario. Esto provocó una especie de sublevación entre los seminaristas, De Luca se mantuvo sereno, se retiró calladamente al cuarto de música.

José De Luca recibió los Sagrados Órdenes Mayores y el Presbiterado en los días 16, 18 y 19 de octubre de 1890, celebrando la primera Misa en la vieja capilla del Seminario el 3 de diciembre de ese mismo año.

En noviembre de 1891 el Presbítero José De Luca se hizo cargo de la Parroquia de Minas sustituyendo al Cura Vicario Olegario Berriel. Concentró su esfuerzo originario en la obra de una nueva Iglesia -estaba ubicada en esos momentos en predio contiguo a la Jefatura de Policía de Lavalleja-, colaborando a tales fines la Comisión de Templo. La inauguración provisoria de la nueva Iglesia se produjo el 10 de abril de 1892. El Presbítero José De Luca fue Cura Párroco de Minas hasta abril de 1906


DE LA GRUTA DEL AREQUITA AL CERRO VERDÚN
En apuntes particulares y en cartas del Presbítero De Luca se encuentran los pormenores y vicisitudes de su iniciativa. De Luca frecuentaba con asiduidad la Iglesia del Reducto de Montevideo, de la que fue fundador y primer Cura Vicario su tío Monseñor D. Antonio D’Elía y luego su primo D. Antonino D’Elía. En una de estas visitas observó que en la contra sacristía de dicha iglesia se hallaba abandonada una imagen de la Inmaculada de unos 2 metros de altura. De Luca entonces solicitó la imagen a su primo D. Antonino D’Elía, pensando en colocarla sobre la fachada de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción de Minas, en el vértice del triángulo que remata el frente de la iglesia entre las dos torres. El Rev. D’Elía lo derivó a la matrona Catalina O. de Fernández, viuda de D. Zoa Fernández –madrina del primer monumento-, que era la dueña. La distinguida señora, fervorosa devota de la Virgen de Lourdes, accedió al pedido y propuso al Presbítero De Luca la idea de llevar la imagen a la gruta del Arequita -a imitación de la Gruta de Lourdes-. De Luca aceptó la propuesta y se puso en contacto con el Arzobispo Mariano Soler quien no estuvo de acuerdo con esta idea, respondiendo al planteo de De Luca: “Lo de una romería católica en la gruta del Arequita me parece inadmisible no teniendo nada de sagrado: el colocar allí una imagen de María es exponerla a la profanación pues se trata de un lugar visitado por toda clase de turistas”.

De Luca entonces reformó la propuesta y concibió colocar la imagen sobre la cima de uno de los cerros que circundan la ciudad de Minas. Junto a un amigo resolvió escalar el abrupto y ríspido cerro del Verdún. Ya en la cima, al contemplar la ciudad, se dio cuenta que ese sería el lugar indicado. 

En el Nº 59 de “La Paz Católica” -2 de setiembre de 1900- establece: “La estatua de la Virgen que se pensaba colocar en Arequita, será puesta sobre la cumbre del Verdún. Se proyecta un romería, una gran peregrinación para el día de la inauguración”.

El primer poblador del paraje fue un vasco francés de nombre Juan Bautista Berdum, a quien el gobierno de España donó esos campos en el año 1801 -por esa razón los vecinos luego llamaron Verdún al Cerro-. 

Según pudimos saber, los hijos de éste participaron de la gesta artiguista por cuyo motivo el Virrey los despojó de la propiedad de dichas tierras –uno de ellos fue oficial de Blandengues en Maldonado. El 1º de abril de 1804 la propiedad fue otorgada a José Abadía quien, junto a su cuñado Domingo Ibargoyen, continuó con la actividad ganadera y con el horno de cal existente en el establecimiento. 

Ya situados en 1900, los propietarios de esas tierras eran Doña María Ariza de Dartayete y su esposo Don Pedro Dartayete, a quienes el Padre De Luca solicitó permiso para colocar una estatua de la Virgen en la cumbre. Doña María Ariza secundó y ayudó la Obra del Verdún, facilitando su casa para dejar la estatua conseguida en Montevideo, hasta su colocación -prestó además su carreta para subir los materiales para el pedestal-.

De visita en nuestra ciudad el Dr. Hipólito Gallinal, quien por ese entonces era el Presidente del Directorio Central de la Unión Católica, De Luca lo condujo a la cumbre del Cerro Verdún para admirar el magnífico panorama que desde allí se descubre y darse una idea de la importancia de la obra.

Por su parte, la Congregación de las Hijas de María –una de las más antiguas e importantes asociaciones de Minas- apoyó decididamente la iniciativa de De Luca y dedicó sus esfuerzos a la construcción del pedestal de piedra y luego la silueta del sencillo monumento.

De Luca se contactó con el Consejo Superior de las Hijas de María al que propuso la organización de una gran peregrinación nacional.

La idea empezó a hacerse realidad con la construcción del camino de acceso a la cumbre. En otro orden la Junta Económica Administrativa de Minas también apoyó la obra, colaborando con la construcción de un camino en zig-zag y al poco tiempo se levantó la rústica columna a tres cuerpos, de 6 metros de altura, sobre la cual se colocó la imagen venida de Montevideo. La obra del pedestal estuvo a cargo de Luis De Luca y Luis A. Yocco.


HISTÓRICA COINCIDENCIA
Las crónicas de la época hacen referencia a una coincidencia ya que si como si se hubieran puesto de acuerdo, tanto Ferrari –escultor del Monumento a Juan Antonio Lavalleja en Plaza Libertad- como el constructor del monumento del Verdún dieron comienzo a las obras el mismo día. Diversos documentos nos hablan de que mientras en nuestra plaza se abrían los cimientos del grandioso monumento a Lavalleja, sobre el Cerro Verdún se colocaban las primeras piedras del sencillo pedestal que sostendría tiempo después la imagen de María Inmaculada.


LA PRIMERA PEREGRINACIÓN
Previo a la inauguración, la revista capitalina “Industria y Comercio” publicó: “Uno de los panoramas más hermosos que ofrece la ciudad de Minas, es sin duda alguna la vista del cerro del Verdún, con sus 360 metros de altitud... Desde la cima se contempla la más hermosa vista de la ciudad de Minas y las sierras que la circundan. Por iniciativa del Cura Párroco, Don José De Luca, el 19 de Abril próximo se inaugurará una hermosa estatua de la Virgen, sobre un pedestal... La importante iniciativa está llamada a influir muy favorablemente en el progreso moral y material de la capital minuana...”.

Como establecía la publicación, la inauguración oficial fue prevista para el 19 de abril de 1901 pero la pertinaz lluvia que se registró en la ciudad imposibilitó que el acto pudiera concretarse. El mismo se postergó y se efectuó dos días después, ocasión en la que unos 3.000 peregrinos participaron de la ceremonia, incluyéndose a un nutrido grupo de fieles que arribaron al Cerro Verdún transportados por el ferrocarril.

La ceremonia fue presidida por el Arzobispo de Montevideo Mariano Soler –celebró la primera Misa y la bendición de la obra- siendo padrinos de la misma el Dr. Alejandro Gallinal y Doña Catalina O. de Fernández.

Según se consigna en las crónicas de la época al enterarse las autoridades de que los peregrinos serían apedreados a la llegada del tren se ordenó una severa represión a quienes pretendieran agredirlos.


LEÓN XIII Y LA INDULGENCIA PLENARIA
En 1902 el Presbítero De Luca viajó a su Italia natal para visitar a sus ancianos padres. En diciembre de ese año consiguió de León XIII una indulgencia plenaria a través de la siguiente declaración:

“Habiéndose colocado, según hemos sabido, la imagen de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada en su Concepción, sobre la cumbre del cerro ‘Verdún’ que mira a la ciudad de Minas en la jurisdicción de la Arquidiócesis de Montevideo... Nos, para aumentar la religión de los fieles y salud de las almas, con piadosa caridad, usando los celestes tesoros de la Iglesia concedemos misericordiosamente en el Señor, ‘indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados a todos y cada uno de los fieles cristianos de ambos sexos que visitaren dicha imagen en un día del año elegible al arbitrio de cada cual... con la condición de que el mismo día o el siguiente, verdaderamente arrepentidos y confesados y alimentados con la sagrada Comunión...

No obstando nada en contrario las presentes valdrán para siempre’”.

Dado Roma, junto a San Pedro el 10 de diciembre de 1902. Montevideo, 16 de octubre de 1903 – Mariano Soler, Arzobispo de Montevideo.


ESTATUA Y TEMPLETE
Monseñor Mariano Soler encargó en 1906 al Arquitecto de origen catalán Cayetano Buigas y Monravá un proyecto para la construcción del monumento a la Virgen en la cumbre del Verdún. Cabe acotar que dicho profesional, entre otras obras, proyectó en la capital del país el Banco Popular del Uruguay -1907- y el complejo de la Asociación Rural en el Prado, mientras que en nuestra ciudad hizo lo propio con el Teatro Lavalleja.

En una crónica elaborada por el apreciado vecino de nuestra ciudad Don José Clérici (1878-1969), publicada en el Nº9 de la Revista “Serrana Este” de los meses de agosto y setiembre de 1969, el autor establece: “El Sr. Arquitecto –por Cayetano Buigas y Monravá- me pidió lo acompañase al Verdún. Fuimos con dicho señor, quien se mostró encantado del hermoso cerro y el grandioso panorama que desde allí podía contemplarse. Me dio una explicación de lo que proyectaría: una base triangular cerrada por arcos sobre la cual continuaría una columna triangular rematada en un globo terráqueo de unos 5 metros de diámetro con una estatua de la Inmaculada de 9 metros. El total de la altura del monumento sería de 45 metros. El pensamiento lo representarían tres pilares que evocarían las tres Virtudes Teológicas: Fe, Esperanza y Caridad, terminadas por tres ángulos de 4 metros de alto: la Pirámide; la oración que asciende al Señor y el globo sostenido sobre tres ángeles con las alas abiertas de 5 metros”.

La ambiciosa obra no pudo concretarse ya que la inesperada muerte del Arzobispo Soler puso un compás de espera en la prosecución de la misma. No obstante ello, el Consejo Superior de la Congregación Hijas de María encargó un nuevo proyecto en este caso al Ingeniero Civil Andrés Rius, quien, radicado en Minas, había tenido a su cargo importantes inspectorías nacionales y quien paralelamente había ocupado destacados cargos en el Banco de Crédito.

El 4 de junio de 1907 se colocó la piedra fundamental del monumento actual siendo los padrinos por Minas Hermógenes Sosa y la Srta. Inchauste, y por Montevideo, el Dr. Juan Zorrilla de San Martín y la Srta. María del Carmen de Piñeirúa, bendiciendo la piedra Monseñor Ricardo Isasa, Obispo encargado del Uruguay.


LA IMAGEN MUTILADA
El 1º de enero de 1908, la imagen originaria de la Virgen del Verdún fue decapitada, lo que como se comprenderá generó conmoción e indignación en toda la sociedad por el hecho vandálico perpetrado. Cinco días después, el escritor Leoncio Lasso de la Vega, periodista del diario capitalino “El Día” de Montevideo, recibió la testa capotada de la imagen, entregándola al Arzobispo de Montevideo. La restitución de la imagen significó un símbolo de desagravio de la colectividad católica.


LA NUEVA IMAGEN
El 18 de noviembre de 1909, una nutrida peregrinación en tren expreso trajo la nueva estatua –la actual-. La misma mide 3,15 metros de alto y fue traída de Francia con un costo de $7.000 de aquella época. En este caso los padrinos fueron Juan Zeballos y Maguna y Doña María Arezo de Dartayete, por Minas, y el Dr. Joaquín Secco Illa y la Srta. Carmen Martínez por Montevideo. Para la inauguración oficial, en la cual Monseñor Isasa bendijo la nueva imagen, se consigna que vinieron trenes provenientes de Montevideo, San José, Canelones, Maldonado, Rocha y Florida.

Los restos del Padre Olegario María Núñez
A iniciativa del Padre Oscar Andrade se construyeron las estaciones del Vía Crucis, mientras una Comisión de Homenaje al Padre Olegario María Núñez –“El Poeta de la Virgen”- propuso colocar al pie del calvario los restos del recordado sacerdote fallecido el 4 de enero de 1932, cumpliendo de esta forma con la pretensión del religioso, basándose para ello en la siguiente estrofa de su poesía al Verdún:

“Y en un repliegue de tu serranía mi humilde ceniza se estremecerá”.

El 5 de enero de 1949 se concretó esta iniciativa y ese mismo día se colocó la piedra fundamental de lo que sería la Capilla al pie del cerro, siendo presididos estos actos por el Arzobispo Antonio Barbieri -la capilla fue inaugurada en la peregrinación de 1950-.


DEVOCIÓN Y OFRENDAS
La peregrinación a la Virgen del Verdún, con el correr del tiempo se ha convertido en cita ineludible para los fieles uruguayos que cada 19 de abril por millares llegan hasta nuestra ciudad, ya sea para orar, hacer diversos pedidos a la Virgen o cumplir con alguna promesa por los favores recibidos. Ese profundo sentir de los peregrinos ha hecho que el evento también haya trascendido el plano estrictamente religioso ya que es considerado desde hace mucho tiempo como un fenómeno cultural y social, siendo visto desde el punto de vista turístico y comercial ya que ambos sectores se ven vigorizados cada 19 de Abril.

Prueba de esa identificación de la gente con la Virgen del Verdún y repasando un documento que hace referencia a la historia del cine nacional encontramos una crónica que hermana esta disciplina artística con ese sentir profundo hacia la imagen de la Inmaculada situada en el Cerro Verdún.

Dicho documento se encuadra en el período comprendido entre 1936 y 1948 de la trayectoria del “séptimo arte” en el Uruguay. Lo define como un “tiempo de auge y de coproducciones”. Allí consta que “habrá que esperar hasta 1936 para poder ver y oír la primera cinta sonora uruguaya” –titulada “Dos Destinos”-. Agrega el artículo que a pesar del estrepitoso fracaso de esta producción, en 1938 se estrenó la película “¿Vocación?”, dirigida e interpretada por Rina Massardi, una cantante de ópera, que para demostrar su devoción por la Virgen del Verdún, realiza ésta, la “primera película lírica de Sudamérica”, tal cual fue denominada en su época. La película contaba la historia de una simple campesina cuya fe en la Virgen la convierte en exitosa cantante. En el análisis de la producción se hace saber que “pese a lo improvisado del guión y las actuaciones, y pese a algunos momentos de humor involuntario que llevaron a la protagonista directora a efectuar el corte de toda una secuencia bastante ridícula, posteriormente a su estreno (Cine Rex, 31 de agosto de 1938), ‘¿Vocación?’ representó a Uruguay en el Festival de Venecia en 1939”.

Hasta la cima del Cerro Verdún históricamente han llegado muchos deportistas locales y de proyección nacional e internacional para agradecer por diferentes triunfos deportivos. Son muchos los casos que están incluidos en este peregrinar ya centenario pero haremos referencia a continuación a uno de los últimos. Es el caso del plantel del Club Rentistas que el año pasado, al día siguiente de haber ascendido al círculo de privilegio del fútbol profesional, realizó la peregrinación a la Virgen del Verdún en agradecimiento por la meta alcanzada.


EL VISIONARIO ANÁLISIS DE “LA VOZ DEL PUEBLO”
El periódico local “La Voz del Pueblo” dedicó un artículo a la obra, estableciendo en los primeros meses de 1901:

“Entre las múltiples obras con que podrá significarse el progreso de nuestro pueblo en el siglo actual, pocas revestirán mayor importancia que la que dentro de muy breve tiempo se erigirá en la enhiesta cumbre del majestuoso Cerro del Verdún. Esa columna que sirviendo de pedestal a una imagen se elevará mañana sobre los riscos y las breñas de una montaña atraerá a su alrededor a turbas de creyentes que al depositar sus ofrendas en el futuro santuario dejarán también en nuestra siempre bella Minas el tributo indispensable e inherente a la vida material, dando a la población un gran movimiento comercial, aumentando por tanto su animación y progreso. Basta recordar lo que ha pasado en la Argentina con el Santuario famoso de Luján...La obra del Verdún podrá concurrir con el transcurso de los años como factor importante al progreso de nuestro pueblo. Su iniciador el Sr. Cura Vicario Don José De Luca ligará de esa manera su nombre con el porvenir siendo ésta una de sus más plausibles iniciativas”.

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