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ACOSAME, SOY TUYA. VIOLENCIAS DEL GÉNERO IV

Piropos, insultos, declaraciones de amor, roces, acercamientos, miradas invasoras, manoseo, ¿la calle esta peligrosa o se hace peligrosa bajo estas circunstancias? La mayor parte del acoso callejero lo sufren las mujeres, esto, ¿no te parece raro?



Miedo, impotencia, frustración, inseguridad, peligro, angustia, algunas de las emociones que se encuentran detrás del acoso callejero experimentado en nuestro país cotidianamente por la mayoría de las mujeres. Lo cierto es que la cotidianidad de la mujer está llena de estas emociones, estos sentires nos invaden y forman parte de nuestro ser, tanto así que no nos es posible detectarlos, darle un lugar y cuestionarlos. La defensa constante ante estas agresiones hace que elevemos una barrera frente a un mundo que nos es hostil, no se nos respeta como seres con los mismo derechos, ¿somos las mujeres entonces seres descartables, intercambiables, objetos de otros que tienen la potestad de mirarme, dedicarme una palabra, invadir mi espacio personal, todo ello sin un costo y con aval de la sociedad entera?

Si alguna vez sentiste que salir a cierta hora sola, o vestida de una forma iba a ser una complicación, sabes de lo que hablo, esa sensación de que algo estás haciendo mal y que si avanzas con la idea de ese día salir de calzas sabes que vas a atenerte a las consecuencias de estas lógicas que dicen que lo haces para provocar. Las justificaciones para estas acciones de acoso (si, acoso, porque otro nombre no es posible cuando lo que se hace es no considerar a la persona que tengo frente como un igual en cuanto a derechos y la obligo a formar parte mía así ella no lo quiera) no se hacen esperar: “sos muy linda, ¿qué esperabas?”, “y si, también vos con esa ropa, así andas provocando”, “los hombres somos conquistadores por naturaleza, nuestro instinto es incontrolable, nos gustan todas las minas”, “seguro precisas un hombre que te cuide, sola no podes andar”, “dale, está bueno que te suban el autoestima dos por tres”, “y es así, los hombre son así y no hay nada que se pueda hacer, mejor dejarlo pasar”, y largos etcéteras. 

A la hora de razonar este asunto pensemos que todas las personas por ley, muy nuevas leyes, tenemos derecho a disponer del uso de los espacios públicos de la misma manera, en equidad, eso significa que mi circulación es libre y supuestamente igual que la de cualquier ciudadano o ciudadana de este país, pero así y todo vemos diariamente que un alto porcentaje de personas son violentadas a formar parte del mundo violento de otro ser que se cree estar en un lugar donde uno de sus privilegios es disponer de los cuerpos y sus representaciones sociales. El cuerpo de una persona es propio, es ella quien decide como, cuando, porque y con quien desea sostener un vínculo. 

La realidad es que no importa cuántos años tengas, que ropa te pongas, cuan cercana estés a los estándares de belleza, ni que hagas o dejes de hacer, las mujeres sufrimos esta situación constantemente, y no parece tomar demasiada dimensión política como para endurecer las campañas o intervenciones frente a este tema, sin dudas ahí yo me pregunto ¿Por qué?.

Que es algo de antaño tiene que dejar de servirnos como justificativo, también lo era la esclavitud en su momento y sin embargo ahora no existe (aunque…es relativo), porque siempre fue así tiene que dejar de ser la forma que justificamos las conductas que nos hacen mal como sociedad.

En esta sociedad patriarcal, donde el varón domina y la mujer es sumisa, nos hemos creído el cuento de que es natural expulsar de mi ser lo que opino y no tener consecuencias, que la otra persona es depositaria pasiva de mi poder sin sentirlo, y que debe de ser así porque la naturaleza nos hizo de esta manera, pensemos que vivir bajo constante amenaza de ataque no es forma de vida, no es justo que así sea. 

Si naciendo mujer se me enseña a taparme en vez de ser respetuosa de mi persona, se me enseña a hacer oídos sordos ante abordajes de extraños que me invaden en vez de empoderarme y reclamar mis derechos, si se me enseña que eso está bien porque el otro no puede controlarse, definitivamente no le encuentro el beneficio de ser mujer en esta sociedad.

En vez de enseñar a las niñas a no usar ropa corta, enseñemos a los varones a que las mujeres no tienen que ser las depositarias de sus impulsos, que esos mismos impulsos pueden vehiculizarse de otra manera, que no es un ser irracional que no puede controlarse y debe conquistar al precio de sacarle el valor de persona a otros/as para poder ser.

Enseñemos respeto, derechos, cuidados, amor, libertad, compromiso. El acoso callejero es una constante batalla frente a un mundo que no nos respeta, que no nos cuida, que no nos valora, y eso cansa, desgasta, quita energías para crear otros diálogos, para crear, afortunadamente las energías son renovables.

Josefina Melgar López
Lic en Psicologia, Terapeuta y Educadora Sexual

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