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MOROSOLI, ESA REFERENCIA INELUDIBLE

Enmarcada en las actividades de la Semana del Libro, la Arq. María Luz Morosoli brindó una cálida charla en la biblioteca de Casa de la Cultura, compartiendo con los presentes, en su mayoría estudiantes de Secundaria, algunos aspectos de la vida de su padre, el escritor Juan José Morosoli.



Tras la bienvenida brindada por el Director de Cultura de la Intendencia de Lavalleja, Mtro. Hebert Loza, María Luz Morosoli optó por una exposición distendida, en la cual respondió a preguntas formuladas por el público.

“Para hablar de (Juan José) Morosoli empiezo hablando de Minas”, refirió en el comienzo de su intervención, haciendo mención a la llegada de los españoles al Río de la Plata, las oleadas migratorias, la fundación de Montevideo y, en 1784, de Minas siguiendo a rajatabla lo establecido por las Leyes de Indias. También resaltó la insistencia y la intuición de Rafael Pérez del Puerto en la elección de este sitio geográfico para edificar la ciudad. “Estamos en una de las primeras manzanas que se fundaron en esta ciudad”, dijo María Luz Morosoli al referirse al entorno donde se encuentra instalada la Casa de la Cultura.

La llegada de italianos, suizos y vascos a mediados del siglo XIX, personas que venían con un oficio (carpinteros, albañiles, etc.) a estas tierras, hacía que se facilitara su adaptación al poder acceder a puestos de trabajos en un país que se estaba construyendo. Sobre el aporte de diferentes colectividades relató que “todos vivieron felices en Minas, se aclimataron perfectamente a este entorno e hicieron esta ciudad que conocemos, que es tan preciosa”, comentando que en su caso es “muy feliz viviendo en Minas”.

Habló específicamente del arribo de su abuelo, Juan Morosoli, “quien trabajó en Montevideo para el Ing. Andreoni, hasta que lo enviaron a Minas a construir una azotea”, citó. Aquí el constructor Morosoli, entre otras obras participó de la construcción de los primeros pabellones del hospital de Minas y del edificio que hoy ocupa la Agencia Nacional de Vivienda en nuestra ciudad.

María Luz Morosoli comentó que en 1909, su padre abandonó sus estudios ya como alumno de la Escuela Nº1. Ya tenía cinco hermanos y era imperioso que se empleara a efectos de colaborar con la economía familiar. “Seguramente trabajó en la construcción del Teatro Lavalleja hasta que César Porrini lo empleó en su librería. Allí comenzó su afición por la lectura”, prosiguió.

También se refirió a la etapa en que Juan José Morosoli, veinteañero, junto a sus amigos Emilio Lafferranderie, Julio Casas Araújo y Carajaville, vivieron en una casa que estaba ubicada contigua al Petit París. La época del Café Suizo “donde se reunían amigos que estudiaban en Montevideo, en años donde había muchos diarios en Minas, lo que hacía que también allí se reunieran los periodistas de aquel tiempo”. Morosoli escribía sobre personajes de la ciudad y entre sus paseos preferidos estaba visitar arroyos cercanos a la ciudad junto a sus amigos y a algunos de sus hermanos.

En 1929 Juan José Morosoli se casó con Luisa Lupi. Tuvieron dos hijas: María Luz y Ana. Se radicaron en el Barrio Olímpico. “Allí vivimos años muy felices, los de nuestra infancia. Había una quinta, la casa estaba en el medio y tenía jardín hacia la Avda. Artigas. Esa quinta no la atendía mi padre sino alguien que sabía mucho del tema, un vecino, un anciano, Domingo Muniz, hijo de indios charrúas. Concurrimos a la escuela de la zona. Mi padre ya estaba al frente de su barraca y escribía y publicaba”, añadió María Luz, quien recordó también los viajes de su padre a la campaña “a buscar cargas de carbón, lo que le permitió conocer la idiosincrasia de la gente del campo”.

Comentó que Morosoli no era afín a frecuentar ámbitos literarios capitalinos, sino que más bien se negaba a participar de cenáculos de esta índole. Sí recordó que asiduamente se carteaba con el escultor José Belloni, poniendo énfasis en que en una de esas misivas, “mi padre le comentó el orgullo que sentía porque yo me había recibido de Arquitecta”.

Políticamente Juan José Morosoli fue socialista, más allá de que “nunca quiso incursionar en política activamente”, según relató su hija.

Recordó que “las ruedas de mate en su barraca eran famosas”, que a Morosoli le gustaba brindar charlas en las escuelas y su participación en la repatriación de los restos de Horacio Quiroga al Uruguay

María Luz Morosoli subrayó también la labor desempeñada en su momento por Heber Raviolo, una persona muy querida por la familia Morosoli Lupi. “Sin él, la obra de mi padre no se hubiera conocido en esta época”, sentenció.

A modo de cierre de su intervención, la Arq. María Luz Morosoli recordó a su padre con cálidas palabras: “Como persona, solo dejó amigos. Todos sus empleados tenían su casa propia porque él les fiaba los materiales. Fue un padre cariñoso, más permisivo que nuestra madre, un hombre muy sencillo, simple”, concluyó.

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