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UNA SOCIEDAD MÁS TOLERANTE ES UNA SOCIEDAD MÁS DEMOCRÁTICA

A Jorge Tabares, en su calidad de Juez de Paz, le tocó la responsabilidad de celebrar el primer matrimonio igualitario en Minas. Y manifestó explícitamente el orgullo que para él representaba esa circunstancia.



Como en cada acto de esta naturaleza, dedicó palabras a los contrayentes sobre el compromiso que asumían.

“Ustedes tienen el honor de debutar en este departamento en un camino que esperemos sea largo y proficuo”, dijo al dirigirse a Edward y Fernando.

Acto seguido, se refirió a lo establecido en el articulado del Código Civil relativo al matrimonio y, muy especialmente, a las obligaciones de los cónyuges. Entre ellas, se refirió a “guardarse fidelidad mutua”, aspecto que definió como “deber esencialísimo del matrimonio”, por supuesto sin hacer diferencias entre el matrimonio tradicional, como históricamente se concebía, e igualitario. “Los deberes son los mismos, no hay ninguna diferencia, al revés: ustedes son testimonio vivo, un muy buen ejemplo, de que los deberes de este tipo son de alcance general, para todos, como sociedad”, manifestó Tabares.

Lamentó los prejuicios que aún imperan en nuestra sociedad y retomando el deber mencionado, instó a que los contrayentes “lo vivan día a día, que no quede pour la galerie, para que la institución matrimonio como tal se respete y se dignifique”.

Finalizada la ceremonia, en diálogo con Arequita Digital, Tabares analizó que si bien la Ley de Matrimonio Igualitario tiene un par de años de haber entrado en vigencia, “la sociedad toda, y la nuestra en particular, no ha terminado de entender algo que es real”. Sostuvo que como comunidad nos cuesta ser tolerantes ante este tipo de cambios, incluso cuando la tolerancia, el aceptar las ideas y preferencias de otro aún sin compartirlas, es la esencia de una sociedad democrática.

Consideró que el marco legal del matrimonio igualitario no hace más que consagrar los derechos más elementales de muchas personas del mismo sexo que se encontraban ante un vacío legal en este aspecto, similar al que tiempo atrás padecían las parejas unidas en concubinato. Afirmó que la sociedad tiene un largo camino de aceptación por recorrer y de cuestionamientos que deben ser respondidos, y lo ejemplificó con los casos de adopción por parte de parejas del mismo sexo: “si como sociedad aceptamos que la función de la familia es brindar amor y protección a un niño, no podemos pensar que la capacidad de amar y proteger son exclusivas de las parejas heterosexuales”.

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