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CREENCIAS Y VIVENCIAS: HISTORIAS DE UN “CACHITO” DE MAR

“Cachito” es pescador artesanal. Vive en Piriápolis, desde cuyo puerto se embarca cada día para ganarse su sustento. Ninguna universidad le enseñó lo que sabe del mar, o de las ballenas: aprendió viendo y viviendo. Así conversó con Arequita Digital mientras recorría el puerto con “Marine”, su perro.



-Nos llamó la atención la relación de los pescadores con la ballena. Ustedes lo toman como un buen augurio...
-Es un buen augurio para la temporada ver las ballenas, tanto para los pescadores como para todos. Ver la ballena es algo bueno. Esa es nuestra creencia: que es anuncio de buen augurio para la próxima temporada.

-¿De dónde surge esa creencia?
-Es una creencia como tantas que tenemos, como que matar una tortuga trae mala suerte, y por eso también las protegemos. Salen de acá del puerto, vienen cargadas de caracoles, un caracol invasor que se les mete arriba y no las deja respirar. Hemos salvado a varias tortugas, una vez hasta le hicimos respiración boca a boca a una y se salvó. La llevamos para Carumbé que las cuida durante cuatro meses y luego las soltaron acá. Eso es muy importante y la gente generalmente no se entera de eso pero es una tarea que hacemos varios pescadores. Antiguamente, donde la encontrábamos, la largábamos al agua. Hoy en día tengo la costumbre de traerlas y largarlas en el puerto, luego de sacarles los caracoles, limpiarlas bien. Ellas se van locas de la vida, felices.

-¿La presencia de ballenas afecta de alguna manera la pesca?
-No, la verdad que no. En alguna ocasión puede que se haya llevado algún trasmallo o alguna boya, como ahora que quedó chocándose con los pilares o se llevó alguna boya de arrastre en el puerto, pero es algo casual. No he sentido que haya quedado una ballena atrapada en los trasmallos porque es demasiado grande.

-Hace algunas temporadas quedaron rodeados por un grupo…
-Sí, quedamos. Estábamos haciendo la pesca de todos los días, levantamos los últimos pescados, veníamos para acá, para el puerto, y quedamos en el medio de seis ballenas. Fue fabuloso. Apagamos el motor, nos quedamos quietitos para que ellas tranquilamente hicieran lo que estaban haciendo (copulando). Se fueron y nosotros seguimos con nuestro regreso.

-Cerca de un animal de sesenta toneladas siempre puede generar imprevistos… ¿Alguna vez vivieron alguna experiencia negativa con las ballenas?
-No, no, tratamos de alejarnos, no de acercarnos porque uno no sabe cómo van a reaccionar. Tratamos de no molestarlas, de cuidarlas. Como precaución, cuando divisamos alguna, tratamos de avisarles a los demás pescadores que están en la zona, y también se informa a Prefectura.

-Trabajas todo el año como pescador artesanal, sos uno de los pocos que mantiene su actividad…
-Hoy en día estamos prácticamente solos en el puerto, porque como hay poca gente y por ende poca venta, la gente trata de hacer otra cosa y no viene, porque ¿a qué va a venir si no hay venta? Pero uno se trata de mantener con esto.

-Tu hijo también…
-Mi hijo me está dando una mano, ahora está en el kiosco vendiendo y hacemos todo en familia. Mi señora también, mis hijas también. Es algo que nos viene de generación en generación. Mi madre toda su vida en el puerto. No nacimos acá pero es como si hubiéramos nacido porque nuestra familia vivía arriba del puerto. Donde están aquellos edificios estaban asentados los pescadores, tenían todos sus ranchitos los pescadores de Piriápolis. Luego pasó lo que pasó, vinieron estas inversiones y los pescadores se tuvieron que ir. Se desparramaron un poco, pero la familia siguió siempre y varios de sus miembros viven de la pesca.

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