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LOLITA RUBIAL DE GUADALUPE: SEÑORA DEL TEATRO MINUANO

Dolores Margarita Rubial Taveira, más conocida como Lolita Rubial, nació en Minas el 10 de julio de 1919, hace hoy noventa y seis años. Su nombre está íntimamente ligado a la cultura minuana, y a través de la Fundación que lleva su nombre, a la del Uruguay todo. Compartimos con ustedes este texto, homenaje que desde Atlántida nos envía Wilson Mesa.



Sus padres fueron Don Fernando Rubial y Doña Juana Taveira. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 2, de niñas. Los estudios secundarios los hizo en el Liceo “Eduardo Fabini”, el único existente entonces en todo el departamento.

Para encarar los estudios magisteriales tuvo que cursar las materias en forma libre, como se estilaba en aquella época, ya que sólo en Montevideo se podía realizar dicha carrera.

Mientras avanzaba en los estudios terciarios, trabajó -siendo estudiante- como maestra particular en una estancia y después en la Escuela Nº 6, de José Pedro Varela. 

También se desempeñó como telefonista en la central telefónica minuana.

Una vez que obtuvo su título docente, en el año 1942, trabajó en diversas escuelas de Lavalleja y de otros departamentos. En el año 1945 se casó con el Maestro Homero Guadalupe. De este matrimonio nacieron dos hijos: Gustavo y Conrado.

Fue destituida de su cargo de Maestra en el año 1974 por la dictadura militar y reintegrada al mismo en 1986, ya en democracia.

Lolita y el teatro
Lolita siempre se interesó por el teatro. Su primera actuación como actriz fue en 1936. Siendo alumna liceal integró el elenco de la obra “Una partida de ajedrez”, bajo la dirección de Saúl Pérez Casas, que era profesor del Liceo. Durante el año 1942 formó parte de un elenco magisterial con el que representó la obra “Doña Clarines”, de los hermanos Álvarez Quinteros.

En 1946 integró el grupo llamado Aficionados Teatrales y con ellos hizo “La Dama de Alba”, de Alejandro Casona. Luego pasó a formar parte del elenco de la Comedia Municipal de Lavalleja (1957), con la que representó varias obras.

Su inquietud por saber cada vez más sobre el espectáculo teatral la llevó a prepararse para ser profesora de arte escénico. Para ello, en 1964, realizó un Curso de Dirección Teatral en la Escuela Municipal de Arte Dramático, de Montevideo. Allí estuvo en contacto con profesores de la talla de José Estruch, Ángel Rama, Hugo Mazza, Atahualpa del Cioppo y Elena Zuasti, entre otros.

En el año 1965, Lolita fundó en Minas la primera Escuela de Arte Escénico, dependiente de la Comedia Municipal de Lavalleja. En el año 1986, ya con 67 años, fue convocada a integrarse al grupo independiente “Nuevo Teatro Minuano”. Con este grupo interpreta fragmentos de “Bernarda Alba”, de Federico García Lorca, saliendo en gira a otras ciudades.

Finalmente, en el año 1987 intervino en un homenaje teatral a la obra de Juan José Morosoli, realizando lectura de poemas de este autor, junto a Graciano Leis. Sería su última aparición en un escenario.
Lolita Rubial murió el 22 de enero de 1990, en la ciudad de Montevideo, a los 71 años de edad.

Hasta aquí una reseña biográfica apenas esbozada, que seguramente no hace justicia a todo lo sembrado -y cosechado- por esta mujer tan singular. Pero quiero también contar a los lectores la experiencia personal de haber asistido como alumno a su “escuela de teatro”.

Escuela Municipal de Arte Escénico
Conocí a Lolita Rubial a fines del año 1965. Ella era Maestra de la Escuela Nº1 y algunos días en la semana -por la noche- dirigía la “Escuela Municipal de Arte Escénico”, que dependía de la Comedia Municipal de Lavalleja.

Ingresé como alumno de dicha Escuela al año siguiente, con dieciocho años y siendo estudiante de Magisterio, fascinado por las obras de teatro que habían presentado el año anterior como final de cursos en el teatro de la Casa de la Cultura, lugar natural de funcionamiento de la naciente EMAE. Quedé impresionado, digo, por esa actividad, y allí, cuando salió a saludar la directora del espectáculo, vi por primera vez a Lolita Rubial. Era una señora delgada y alta, muy elegante, con una sonrisa bondadosa que iluminaba su cara sonrosada.

A medida que la fuimos conociendo, todos nos dimos cuenta que era muy coqueta y cuidaba mucho su presentación personal. Tenía el pelo sumamente rizado, que generalmente peinaba hacia atrás con un moño muy tirante. Usaba lentes para leer y continuamente miraba por sobre ellos, con una mirada clara y penetrante. Recuerdo que siempre se vestía impecablemente para ir a las clases -con tacos altos, por supuesto-, como si para ella aquella actividad fuera una ceremonia.

Siendo una amante del teatro -como lo era-, quería que todos sus alumnos, unos diez o doce, diésemos lo máximo sobre el escenario. Algunos eran muy buenos actores o actrices; otros, como yo, bastante malos, pero la mano experta de aquella maestra-actriz maravillosa que era Lolita, nos ayudaba a no desentonar.

Allí se aprendía de todo -además de actuación-: iluminación, vestuario, utilería, escenografía, maquillaje, apunte y traspunte. En sus mejores momentos, la EMAE llegó a tener una profesora de ballet, que fue Beatriz Juaní, y como profesor de esgrima, el Cap. Villalba. En la parte musical, cuando era necesario, tuvimos el apoyo de Luisa Douat, conocida profesora de coros de aquella época, y de los guitarristas Ulises Peña y Miguel Villalba (hijo de Olegario Villalba). Aquí es el momento de aclarar que todo esto era gratuito para nosotros, y que los profesores eran todos honorarios. También Lolita Rubial, por supuesto, había fundado y mantenía abierta aquella Escuela en forma honoraria.

Apenas si se atisbaban por detrás, como sombras protectoras, las figuras de Leoncio Del Barrio y Mario Asuaga, que eran, por aquel entonces, presidente y secretario de la Comisión Directiva de la Comedia Municipal, pero eran, por sobre todo, un tremendo apoyo moral para nosotros y algún dinerillo aportaban, creo, para la compra de materiales mínimos de escenografía.

Fue una quijotada, una aventura cultural que duró unos pocos años, al menos en esa primera época; ignoro si después siguió existiendo la EMAE como tal.

En todo caso, esta dama del teatro minuano abrió un ancho camino cultural cuando fue necesario, y lo hizo con total desprendimiento, dando horas de su descanso y sacrificando su vida familiar, porque las clases comenzaban al anochecer, ya que todos trabajábamos o estudiábamos, y duraban hasta las nueve o las diez de la noche.

Durante el año 1966 presentamos obras cortas en José Pedro Varela, Solís de Mataojo; en la Semana de la Juventud, en la Escuela Nº11 del barrio Estación, en la Escuela Nº34 de Roldán, en fin, en cuanto lugar se le pidiera a Lolita que llevara a sus alumnos, allá íbamos, porque eso era parte del “entrenamiento” que ella quería darnos.

Pero el momento culminante era cuando la EMAE presentaba, en la Casa de la Cultura, su trabajo de fin de cursos. Ahí todos nos sentíamos actores y actrices “de verdad” y Lolita era la gran directora del espectáculo, que había llevado todo el año de preparación y que, en los días previos a la presentación, demandaba muchas horas de trabajo. Entre los alumnos de aquel entonces estaban Antonio Espino, Dardo Cantizzani, Héctor Villalba, Myriam Carreras, Líder García, Norma Carreño, Marta Toledo, Fernando Riccetto, las hermanas Anastasia y Carmen Detoca, María Isabel Hernández, Arinda González y alguna compañera, o compañero, más que no recuerdo ahora.

Los hijos de Lolita, Gustavo y Conrado Guadalupe Rubial, participaban también en las actividades teatrales. Gustavo, ya como alumno -tendría trece o catorce años- y Conrado era un niño que hacía los papeles de niño cuando las obras lo requerían.

Quise compartir estos recuerdos para que los minuanos que no la conocieron sepan algo más acerca de Lolita Rubial. Y como un homenaje cariñoso para alguien que fue un pilar de la cultura minuana. Por supuesto que su rica personalidad no se agota en dos o tres anécdotas. De descubrir más facetas, ya se encargarán otros. Así como se encarga su familia de mantener vivo su nombre a través de la obra maravillosa que es la “Fundación Lolita Rubial”, promotora inestimable de la cultura en Minas y en el país entero.

Wilson Mesa, Atlántida, Uruguay.

Fuentes: Algunos datos biográficos fueron extraídos de la página de la “Fundación Lolita Rubial” http://www.fundacionlolitarubial.org/

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