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EL PODER DE LA OPINIÓN PUBLICA EN TIEMPOS DE REDES SOCIALES

El Lic. Ignacio Zuasnabar es Director de Equipos Mori. Durante su visita a Minas, dialogó extensamente con Arequita Digital: el poder de la opinión pública; las redes sociales; la precisión de las encuestas; y los niveles de aceptación de Tabaré Vázquez fueron algunos de los temas desarrollados.



-¿Cuáles son las funciones específicas de la Asociación Mundial para la Investigación en Opinión Pública, organización de la cual recientemente fueras elegido Vicepresidente del Capítulo Latinoamericano?

-Es una asociación profesional que nuclea a los principales académicos e investigadores de opinión pública del mundo. Tiene como principales objetivos la difusión de la actividad a nivel global, la difusión de los estándares de calidad, y el control y la vigilancia sobre los estándares de calidad de la disciplina a nivel mundial, así como también el intercambio académico entre sus participantes, al ser una red de investigadores donde nos apoyamos mutuamente. Desde hace nueve años la Asociación Mundial de Opinión Pública tiene un Capítulo Latinoamericano, que se originó en un encuentro realizado en Colonia del Sacramento, impulsado por uruguayos y argentinos. A partir de ahí tenemos congresos anuales en diferentes lugares de América Latina. El último fue en Buenos Aires (fue un encuentro mundial), donde fui elegido Vicepresidente del Capítulo Latinoamericano, y futuro Presidente, porque la asociación funciona de esa manera. Ocuparé la presidencia a partir de 2016 y hasta 2018, culminando con la organización del Congreso Latinoamericano de Opinión Pública que se realizará en Uruguay ese año.

-Generalmente, cuando aquí se habla de encuestas y de estadísticas se asocia a temas políticos o a la percepción de determinado producto, por citar dos ejemplos. En otros lugares se aplica a muchísimas disciplinas. ¿Las empresas uruguayas han llegado a un nivel de profesionalización que hagan que puedan expandirse a otras áreas?

-En el uso de investigación social y de opinión pública del mercado, sí. Esto es creciente. Cada vez más los gobiernos, las empresas, los partidos políticos, los medios de comunicación, los organismos internacionales, las organizaciones sociales, utilizan información del comportamiento del público. Estamos en una era histórica en la cual los públicos tienen mucho más poder que antes y en ninguna actividad de la vida uno puede estar de espaldas a su público. Y los métodos de investigación que utilizamos (las encuestas, las entrevistas en profundidad, los grupos de discusión) son todas herramientas que permiten a una empresa, a un líder político, a un gobernante, entender mejor a su público y conectarse mejor con él. A su vez le permite al público hacer llegar su voz al gobernante o a la empresa. Nuestro rol, de alguna manera, es acercar la oferta y la demanda, y eso es maravilloso.

-¿Cómo contemplan en sus investigaciones la actividad que ocurre a nivel de redes sociales?

-Estamos con un ojo permanente en las redes sociales. Es un mundo de opinión expresada que está creciendo, por lo que es imprescindible mirarlo. Está claro que la opinión en redes sociales no es representativa de la opinión total. Si uno mira solo las redes sociales no está entendiendo el mundo, pero no mirarlas también es un error. Los dos extremos son malos. Hay que estudiar las redes sociales, hay que mirarlas con detenimiento, hay que estudiar al conjunto de la opinión pública con el mismo grado de detenimiento y hay que estudiar el vínculo entre ellos. Está claro que las redes sociales son un nuevo fenómeno que ha aumentado la capacidad de la gente para comunicarse. Eso es muy bueno porque hay una transferencia de poder hacia los ciudadanos que se ve retroalimentada por los cambios tecnológicos que permiten las redes sociales y como fenómeno de opinión pública es muy importante y en crecimiento. Si algún día lo que ocurre en redes sociales va a representar estrictamente lo que pasa en el conjunto de la opinión pública, no lo sabemos. Hoy claramente no es la situación pero sí es un capítulo cada vez más relevante de la construcción de la opinión pública.
Si repasamos las redes sociales, “Podemos”, de España, es un partido político avasallante, pero si miramos el comportamiento electoral global es un partido relevante, en crecimiento, desafiante, pujante, pero las encuestas lo muestran por debajo del PSOE y del PP.

-Los investigadores de opinión pública tuvieron un duro revés con las últimas elecciones, algo que en su caso fue reconocido públicamente. ¿A qué aspectos le prestan más atención a la hora de pensar dónde estuvo el error?

-El paso del tiempo ayuda, junto a la investigación, a entender mejor algunas situaciones. La mirada sobre el sistema de encuestas en Uruguay es distinta si nos detenemos solo en mirar lo que pasó en octubre de 2014 (primera vuelta) a si miramos el conjunto del ciclo electoral. Octubre fue un golpe para las encuestadoras de opinión pública pero en noviembre (segunda vuelta) las encuestadoras funcionaron muy bien, con los mismos métodos, y en mayo de este año (elecciones municipales) hubo 19 elecciones en cada uno de los departamentos, algunas muy complicadas y el desempeño de las encuestadoras, en líneas generales, fue también muy bueno. Entonces, si se toma el ciclo electoral en su conjunto, las encuestadoras de opinión aprueban el curso claramente. No con nota pero sí lo aprueban. Lo de octubre fue un llamado de atención. Creo también que hubo mucho lío mediático con relación a lo que efectivamente ocurrió. La diferencia entre lo que las encuestas predecían y la realidad fue una desviación de cuatro puntos, algo que no es muy grande para los sistemas de encuestas, está dentro de lo aceptable. El problema fue que esos cuatro puntos definían muchas cosas.

Hay una cuestión que a veces es difícil de entender para los públicos más lejanos a las encuestas. Las encuestas no son bolas mágicas que nos permiten predecir el futuro. Son herramientas de investigación de un objeto de estudio que es móvil. Se puede investigar hoy pero puede haber cambiado al momento de la elección, porque publicada la última encuesta y el acto electoral pasa una semana o diez días. Estamos en una era, no solo en Uruguay sino a nivel mundial, donde los electorados son más móviles que en el pasado. Lo vimos en la elección en Brasil, donde hubo un movimiento sorprendente con la caída de Marina Silva y el crecimiento de Aecio Neves en pocos días; lo vemos en Argentina, lo vimos en Estados Unidos, en Inglaterra, donde las principales encuestadoras fallaron hasta por 20 puntos.

Hay problemas que no tienen tanto que ver con los métodos sino con la movilidad de los objetos. ¿Esto quiere decir que las encuestas no sirvan o que estén en discusión? No tanto, porque el rol principal de las encuestas es ayudar a entender el mundo, ver qué tamaño tienen los diferentes objetos políticos y cómo están parados. A eso, las encuestas lo muestran bien. Mostraron el Frente Amplio que tenía el entorno del 45% (al final fue 48%), el Partido Nacional en el entorno del 30%, el Partido Colorado en el 15% y el Partido Independiente en el 3%. Eso todas las encuestas lo mostraron bien y eso tiene un valor en sí mismo. Las encuestas no pueden tener el nivel de precisión que se les reclama. Hay una expectativa social que las encuestas lo tengan pero la verdad es que no pueden tenerlo por la movilidad del objeto.

-Saliendo de la presidencia de José Mujica, una figura política extremadamente mediática, entramos en la administración de Tabaré Vázquez, con un perfil mucho más bajo… que sin embargo en las últimas encuestas muestra también un índice de aceptación alto. ¿A la hora de evaluar, es posible llegar a conclusiones sobre las estrategias para comunicarse con la opinión pública?

-Los presidentes, los gobiernos y los líderes políticos siempre están intentando seducir a los electores. No es solo una cuestión de poder o de ego. Es una responsabilidad porque los gobiernos que tienen legitimidad pública tienen mejores condiciones para llevar adelante sus programas. Gestionar la legitimidad pública es una responsabilidad de los gobernantes que permanentemente están buscando tener niveles de apoyo importantes entre los electores.

Este segundo gobierno de Vázquez tiene una diferencia con su primer gobierno, porque Vázquez no tiene ‘luna de miel’ como se dice habitualmente. El nivel de aprobación de Vázquez está por debajo del que él mismo tenía (y que Mujica también tuvo) en su primer año de gobierno. No es malo pero no tiene ‘luna de miel’. No es un problema hoy pero, dependiendo de cómo evolucione la agenda, puede llegar a ser una amenaza, en un gobierno que está entrando en un ciclo económico distinto, más lento, en el mejor de los casos de menor crecimiento que en el pasado. Podría llegar a tener alguna amenaza en términos de aprobación en los próximos años.

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