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DESDE LA PSICOLOGIA: AUTISMO

Existe un dia mundial sobre la concientización del autismo pero, ¿cuánta y de qué naturaleza es la información que manejamos al respecto? ¿De qué hablamos cuando hablamos de Autismo? ¿Es una enfermedad de índole psiquiátrica, o por el contrario, hay quienes no la consideran una enfermedad? ¿Quiénes pueden presentarla?



Estas son algunas de las interrogantes más frecuentes que nos formulamos frente a la palabra “Autismo”. Varias pueden ser las fuentes de información al respecto: la web, los relatos de alguien que convive con una persona que presenta Autismo, una revista que lanza el diario local, la radio u otros medios de comunicación masivos. Pero luego, ¿qué hacemos con esa información y de qué manera la transmitimos a otros? Creo, desde una postura personal más que profesional, que debemos realizar un uso cuidadoso de esos datos que nos llegan casi de forma intempestiva. Procesar y elaborar la multiplicidad de estímulos que recibimos, no es tarea sencilla.

Me gustaría compartir con los lectores el conocimiento que manejo y utilizo en la práctica profesional que me compete:

Hemos de saber que en los individuos autistas observamos: deterioro en la interacción social, deterioro en la comunicación verbal y no verbal, y deterioro en la actividad imaginativa y lúdica. Esto genera en ellos una forma de dirigirse a los otros y a los objetos que los rodea de una manera no convencional, diferente a como lo hacemos quienes no presentamos Autismo. Tanto en Psiquiatría como en Psicología se hace referencia a conductas no adaptativas en función de las demandas que exige el ambiente. Pero no es precisamente en referencia a que asistimos a un mundo cada vez más competitivo y dinámico, en el cual los sujetos debemos adaptarnos para estar a la par, sino que responde a una diferencia significativa en la calidad y naturaleza del vínculo con otros, así como en las formas de expresión y comunicación, teñidas de rigidez.

Esta rigidez obtura el normal desarrollo de los individuos, y es por ello que el último manual diagnóstico publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM 5), clasifica al Autismo como parte de un conjunto de entidades nosográficas que configuran los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD). 

Esta patología prevalece mayormente en hombres que en mujeres, y su etiología (causas) es variada e indefinida aún. Existen factores biológicos y genéticos que la predisponen, pero éstos no se presentan sine qua non en todos los casos. La evolución o los progresos se dan de forma singular en cada sujeto. El cerebro es un órgano plástico y flexible, pero incierto en los recorridos que pueda tomar.

Oliver Sacks, en su libro “Un antropólogo en Marte”, menciona que no hay dos autistas iguales, porque la evolución y el desempeño de cada sujeto, son diferentes. Además, porque más allá del diagnóstico clínico y de los abordajes terapéuticos, cada individuo es un entramado a descifrar y comprender. Cada sujeto necesita una forma de ayuda, al igual que todos. 

Empatizar para comprender y ayudar, son acciones a las que nunca debemos resignarnos. En la medida que hacemos esto, contribuimos a la calidad de vida de quienes conviven día a día con esta patología. 

Lic. en Psicología Stephanie García da Rosa.

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