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“EN UNA ÉPOCA NO ME PERDONABAN QUE FUERA ACTOR”

En pocos meses, Tabaré Rivero disfrutó de la sala llena del Teatro Lavalleja en dos ocasiones. Primero fue con La Tabaré, con la cual realizó una presentación formidable. Ahora, desde su rol de actor, volvió a sentir la calidez del público minuano.



Planteó las diferencias que reconoce entre ambas expresiones artísticas. “La banda es un arte grupal y el arte escénico es colectivo” y más allá de que en ambos casos, si se produce una falla, esto se va a notar sobre el escenario, “en el teatro hay un mecanismo de relojería que con la banda podemos disimularlo”, cuestión que en el teatro entiende que no es posible, entre otras cosas, porque “todos dependemos de todos y del entusiasmo, las ganas”. Otra de las variantes es que el teatro “no es sólo música, es la voz y es el cuerpo de cada uno de nosotros que tiene que estar funcionando para que esto salga perfecto”.

Admitió que sus nervios son mayores haciendo teatro que con la banda, pero que igualmente disfruta de ambas actividades de idéntica manera.

Con la banda, su rol protagónico es indiscutible, mientras en una obra de teatro ese rol se distribuye entre los actores. Se trata de “tensiones y de energías diferentes”, porque mientras toca con su banda siente que se trata de energías “festivas”, en el caso del teatro, “el personaje puede ser de muerte, enfermo, aunque haga reír al público”, porque aquí todo se mantiene, “desde esas escenas en las sombras, y cuando se enciende la luz uno ya está en el personaje que lo viene llevando desde hace rato”.

Hace más de 30 años que Tabaré está vinculado al teatro. En ese tiempo, vio caer varios prejuicios, por lo que analiza que quienes van a ver la banda en la actualidad se dan cuenta que La Tabaré tiene mucho de teatral, comprueban que las expresiones artísticas se pueden mezclar y que todo se conjuga armónicamente. “Hace 20 años, el público no lo podía entender. Por alguna razón se suponía que un rockero, si no estaba haciendo música, tenía que estar tirado en el cordón de la vereda. No me perdonaban que fuera actor. Estudié más teatro que música, tengo más formación de actor que de músico”, reconoció.

Manifestó que se sintió “comodísimo” con la convocatoria de Federico Guerra, autor y director de “Odio oírlos comer”. Al ver su obra anterior, “Snorkel”, “quedé asombrado por ese texto contundente, fuerte, arriesgado, montevideano… Pensé que si la obra que me proponía hacer tenía el mismo estilo, la iba a pasar muy bien. Es un gran director y tiene un excelente futuro. Me siento muy cómodo trabajando con gente joven a la que le veo ganas de deshacer todo y armarlo otra vez”.

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