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“A ÁFRICA LE DEBO SER UN POQUITO MEJOR PERSONA”

En el Centro Cultural La Casa Encantada, la escritora cubana Adelaida Fernández de Juan realizó una muy interesante exposición, centrada en su experiencia como médico en el continente africano, compartiendo dos de sus cuentos, refiriéndose a las personas que los inspiraron.



Como médico Adelaida Fernández de Juan participó de las brigadas cubanas que se distribuyeron en distintos países africanos, en su caso participar, “en una época particularmente dura, donde no había una retribución económica, todavía no habíamos pasado el período especial que fue la gran crisis económica cubana, una vez que cae el campo socialista y recrudece el bloqueo norteamericano”.

En ese contexto, su primer libro fue publicado en 1994, “Dolly y otros cuentos africanos”, editado “gracias a la generosidad de unos argentinos que crearon el proyecto “Los pinos nuevos”, en homenaje a José Martí que es nuestro héroe nacional”. A través de ese proyecto se logró que se publicaran cien títulos en un año: 25 de narrativa, 25 de poesía, 25 de teatro y 25 títulos de información científica. Fue una selección muy estricta y los autores debían ser absolutamente inéditos. “Ya había estado en África y con mucha timidez presenté ese libro y tuve la suerte de que fuera escogido y así es que comencé mi carrera literaria. Por eso digo que a África le debo ser un poquito mejor persona después de ver la miseria ajena, los estragos del colonialismo inglés, de todo lo que una ve cuando llega a un país desconocido y en condiciones paupérrimas”.

A África también le debe la “capacidad de ser escritora, poder verter esa vocación que obviamente estaba semi oculta en mi, porque soy hija de dos escritores y en mi casa se respiraba el ambiente literario”, añadió la escritora.

Abordó otras temáticas en sus próximos textos: la mujer cubana actual, el período especial, el tema de la migración, el tema de los balseros y en 2013 África volvió a ser el centro de su escritura, “ya con la madurez de la distancia y contando con cierta pericia técnica literaria”. Así nació su segundo libro “Sucedió en Copperbelt”, el sitio donde desarrolló su misión, en el Sur de África. El libro fue premiado, a pesar de cierto escepticismo de la autora. “Pensé que el público cubano no lo iba a recibir con beneplácito, puesto que no era la primera vez que tocaba el tema, pero no fue así. A veces los libros toman vida propia, una nunca sabe cuál es el destino que les espera”, evaluó.

Dijo en La Casa Encantada que muchas veces le han preguntado por qué decidió realizar tan arriesgada labor en África. La respuesta es siempre la misma: “Fui porque era mi deber, porque consideré que tenía que estar ahí. Después me llamaron para que regresara y dije que no. Tenía dos niños pequeños y pienso que cada cual tiene la posibilidad de elegir cuál es su lugar, cuándo, de qué manera. El padre de mis hijos se fue de Cuba. Nosotros decimos que Miami es nuestro municipio de ultramar y cuando un cubano se va, casi siempre se va a ahí, un lugar donde jamás podría yo vivir. Podría vivir en Cuba y si alguna vez, llegado el caso, por equis circunstancias tuviera que vivir en un país que no fuera Cuba, ese país sería Uruguay. No me siento bien en ningún otro lugar que no sea este fuera de mi país. Por eso para mi es un honor estar aquí”, expresó.

Consultada acerca de las influencias que reconoce en su escritura, las cuales lejos estaban de sus estudios académicos, propios de la medicina, por supuesto, comentó que la suya fue “una casa de libros” y que para ella “la literatura era, siendo niña, como respirar” y que por razones que desconoce, “me enamoré de la literatura naturalista”, añadiendo su predilección por Émile Zola, considerado, precisamente el padre y el mayor representante del naturalismo. “Tendría 8 o 9 años cuando me inicié en el mundo de la literatura, porque paradójicamente, mi padre, que es profesor de literatura, nunca me dijo por dónde empezar, qué leer. Era algo puramente intuitivo, por eso me es difícil hablar de las influencias que tuve. En general la literatura sobre África (con una visión de blanco, claro) me gustaba mucho. Creo que el autor que más he leído en mi vida es Mark Twain. Me gustaba mucho la literatura humorística”, respondió.

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