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EL MOROSOLI QUE POCOS CONOCIERON

Las grandes personalidades se solidifican en lo simple y es la nobleza de los materiales en que están talladas que les reserva el privilegio de trascender incluso la propia muerte. Acuñadas en el sentir popular, el solo hecho de pronunciar sus nombres nos coloca en un tiempo y en un lugar, el espacio del que se han convertido en referentes. Una de esas figuras es el gran Juan José Morosoli a quien tantos y tantos homenajes se le han tributado y no dudamos que se le seguirán haciendo, rindiendo culto a una pluma conquistada por la eternidad.



Del Morosoli escritor mucho se ha hablado y escrito, numerosos elogios ha sabido cosechar de los especialistas. Nosotros preferimos recordar, evocar al Morosoli de carne y hueso, el de la Barraca, el del viejo Café Suizo, el que se entregaba a los amigos y el que siempre priorizó a la familia. Así nos enteramos de historias simples que contribuyeron a su grandeza sin tiempo. Sus años en la Escuela Nº1, su primer trabajo como peón de albañil, luego en la librería de su tío César Porrini... También nos enteramos que en los años oscuros de la última dictadura militar, su entrañable "Perico" fue prohibido en las escuelas y que fue expulsado del Partido Socialista de Minas por elogiar en acto público al reelecto Intendente de aquel entonces, Don Solano Amilivia... En diálogo distendido, una de las hijas de Morosoli, la Arq. María Luz Morosoli Lupi compartió con nosotros momentos inolvidables de uno de los referentes ineludibles de la cultura uruguaya.

• Mi vida junto a mi padre...
"Desde el punto de vista literario considero que no soy quién para opinar así que lo que puedo contarle es sobre cómo fue mi vida junto a mi padre, la cual fue un poco un rompecabezas, porque cuando uno es niño, de 10 ó 12 años, uno lo mira como padre y no como escritor. Recuerdo que todas las noches, al irnos a dormir, nos hacía un cuento, nos enfermábamos y nos hacía un cuento. Todos estos cuentos tenían un personaje que en sus libros mi padre nombra, un negrito que se llamaba 'Pololo'. Era un padre divino, más permisivo que mi madre (Luisa Lupi). Los dos eran hijos de emigrantes suizos que vinieron al Uruguay a trabajar, muy pobres, familias que se hicieron con mucho trabajo, sus abuelos eran ambos albañiles. Mi madre era algo más 'rígida' que mi padre, por sus costumbres. Cuando se casaron nuestros padres vivieron en una casa donde empieza la Avenida Artigas, que ocupaba prácticamente una manzana y construida por mi abuelo, Juan Morosoli. Era una quinta, la casa estaba en el medio y tenía jardín hacia la Avda. Artigas. Esa quinta no la atendía mi padre sino alguien que sabía mucho del tema, un vecino, un anciano, Domingo Muniz, hijo de indios charrúas. El Barrio Olímpico recién comenzaba a desarrollarse, mi padre fue fundador de la Escuela de la zona, integró la Comisión de la Plaza de Deportes.
Con mi hermana comenzamos los estudios en la Escuela del Barrio Olímpico que está enclavada en el mismo lugar donde hoy se erige, solamente que comprendía únicamente dos salones que en la actualidad han sido unidos y funciona allí el Salón de Actos de la Escuela".

• Desde el Barrio Olímpico a su Barraca
"Desde el Barrio Olímpico venía todos los días a pie hasta la Barraca que estaba en Florencio Sánchez y 18 de julio –hoy Mc Pato-. Nunca aprendió a manejar, nunca tuvo auto e incluso el camión de la Barraca lo manejaba un empleado. Aquel edificio había sido construido precisamente para instalar una Barraca, en la que mi padre se instaló junto a Aguerrebere. Con el paso del tiempo, mi padre adquirió también la esquina de 18 de julio y Sarandí, siendo para él un gran paso aquella concreción".

• Sus primeras líneas
"Él comenzó a escribir muy jovencito. Hay un equívoco que generalmente se repite y a nosotros nos molesta bastante, ya que no hizo dos años de Escuela, como suele decirse, sino cinco (los dos últimos años en la Escuela Nº1). Conservamos el documento que demuestra que en marzo de 1908 ingresa a la Escuela Nº1, pasando a cursar cuarto año. Al año siguiente, ya en quinto año, consta también en un documento que 'El 9 de octubre, el Albañil Juan Morosoli retira a su hijo por razones laborales'. En ese momento, tenía seis hermanos y como es obvio suponer no es fácil poder mantener una familia tan numerosa. Él era el mayor y debió comenzar a trabajar. Hace poco conocí a un Sr. Aviaga que fue amigo de mi padre y quien me contó que cuando mi abuelo lo sacó de la escuela, los primeros meses trabajó como peón de albañil y en esa época mi abuelo estaba terminando el Teatro Lavalleja. Entonces, yo a veces sueño porque no tengo seguridad, ningún documento que lo avale, que mi padre trabajó de peoncito allí en el Teatro Lavalleja".

• La librería de Porrini y su primer libro comprado
"Luego, su tío César Porrini, propietario de una gran librería frente a la Barraca, lo lleva a trabajar con él, detrás del mostrador, a repartir libros en la calle. Allí trabaja hasta los 16 ó 17 años. Es en esa etapa en donde mi padre comienza a desarrollar el gusto por la lectura. Tengo una edición de Tabaré, de Zorrilla de San Martín, que estaba entre sus papeles, y que es de 1916. Quiere decir que con 16 años se compró ese librito porque en él dice 'Primer libro comprado con mi sueldo'"...

• La siesta, el mate y los dichos camperos...
"Recuerdo que generalmente solía sestear antes de volver a la Barraca. Luego volvía de tardecita y en verano estábamos en la quinta, había parra, glicinas, y mientras él tomaba mate, nosotras jugábamos. A la noche escribía. Él tenía un escritorio en casa y allí escribía. En la Barraca escribía apuntes, sobre todo de algún que otro dicho de campaña los cuales desarrollaba en sus cuentos. En la Barraca no podía escribir por el incesante ritmo de gente que allí había. En casa tenía acondicionada una habitación y el escritorio donde escribía está en la actualidad en Casa de la Cultura, al igual que su biblioteca. Escribía cuando llegaba del trabajo y muy escasamente luego de la cena. Recuerdo que cuando nosotras éramos pequeñas y nos acostábamos temprano, mi padre le leía a mi madre lo que había escrito. Mi madre era maestra y a veces le corregía las faltas. En los originales se puede apreciar que escribía prácticamente sin faltas porque las correcciones eran escasas. Donamos todo su archivo de originales a la Facultad de Humanidades hace dos años porque, primero lo tenía mi madre, luego me lo traje yo, habían papeles que datan de 1910, no los habíamos cuidado debidamente, no los sabíamos ordenar para aprovecharlos más convenientemente. Entonces, la Facultad de Humanidades creó la Cátedra de Literatura Uruguaya y a ellos donamos unas cuantas cajas llenas de papeles...".

• Una de las más grandes alegrías
"Cuando yo tenía 16 años, recuerdo que no se podía cursar 5º y 6º año de Secundaria en nuestra ciudad. A esa edad me traslado a Montevideo donde estuve radicada hasta los 24 estudiando Arquitectura. Luego de regresar, con 25 años me casé con el Agrimensor Julián Mazzoni. Siempre digo que esos años que estuve en Montevideo me faltaron en mi relación con mi padre y con la familia porque en esos años nos veíamos poco, cada quince días.

Él estaba muy contento con que nosotras estudiáramos ya que él no lo había podido hacer, aunque luego mi hermana no prosiguió los estudios en Montevideo porque extrañaba mucho la familia. Yo también, por supuesto, pero aguanté, un poco para darle ese gusto a él. Luego, cuando fui profesora en el Liceo, en 6º año, al finalizar el curso les decía a los alumnos que se iban a Montevideo que no aflojaran aunque sufrieran mucho, porque la vida lejos de la familia es muy dificultosa.

Siempre estoy dispuesta a hablar de mi padre porque en cierta forma siempre me he sentido en deuda con él sobre todo en esos años en que por motivos de mis estudios debí ausentarme de Minas. Cuando mi padre fallece, Don Jose Belloni, gran amigo de mi padre, le envía a mi madre las cartas que Morosoli le había escrito y en una de ellas le decía 'Hoy he recibido una de las alegrías más grandes de mi vida: mi hija se recibió de Arquitecta, soy un hombre feliz'. Esas cosas me amargan un poco porque tal vez no lo acompañé como hubiera querido".

• El viejo Café Suizo
"En la década del ’20 al ’30 estuvo el famoso Café Suizo –donde está Corimsa ahora-. En ese Café su socio fue Malaspina, primero alquilaron un bar y luego construyeron allí. En ese período fue un bar muy importante, hasta orquesta tenía, ocho mesas de billar, en fin, y ahí se reunía toda la juventud de Minas y los muchachos que estudiaban en Montevideo, incluyendo a Valeriano Magri y Casas Araújo, todos se reunían allí. En aquella época habían cerca de 10 periódicos en la ciudad y los periodistas desayunaban en aquel Bar Suizo porque allí estaban todos los 'chismes' de la ciudad... En esa época, cuando pone el Café, junto a Julio Casas Araújo y Emilio Lafferranderie (padre de 'El Veco'), alquilaron una habitación y se fueron a vivir al centro de la ciudad. Iba todos los días a la casa de la madre, a almorzar, pero vivía en el centro. A mi lo que me llama poderosamente la atención y creo es la primera vez que lo digo públicamente, que un hombre que tuvo un café importante y que tuvo la vida que tiene que tener un propietario de un café, nocturna, después que se casó cambió totalmente su vida porque no recuerdo una sola vez en que mi padre haya salido solo, sin nosotros, a un boliche. Él era muy amigo de 'Paco' Espínola y de Atahualpa Yupanqui. Esa gente venía a Minas a dar charlas y conciertos y se quedaban en nuestra casa del Barrio Olímpico".

• Las mojarras del San Francisco...
"Él lamentaba el hecho de no haber tenido hijos varones. Recuerdo que nos llevaba a pescar al San Francisco. En aquella época recién se había construido la instalación de aguas servidas por cuanto no había nada contaminado. Recuerdo que íbamos al San Francisco, entrábamos frente a la Cancha de Central. Recuerdo que desde nuestra casa, en el Barrio Olímpico, hasta la Estación de Afe, la única construcción intermedia era el Cuartel del Ejército. Por eso siempre digo que quien proyectó la Estación tuvo una enorme visión. Cuando la hicieron, la obra fue muy criticada porque estaba muy lejos de la ciudad, la gente llegaba en tren y debía seguir el trayecto en carruaje de alquiler. Como el centro estaba tan lejos, la empresa que construyó la Estación también hizo un Hotel en el conocido Molino de Ugarte. Había en ese trayecto una quinta muy grande que estaba frente a la Cancha de Central. Atravesábamos un camino para pescar mojarritas en el San Francisco, cerca de la quinta de Albistur. Toda la gente del Barrio Olímpico se conocía en aquel momento. Recuerdo que solía visitar a los Mainentti en su carpintería, a los Santana, a la vuelta de la Escuela".

• El Ateneo de Minas, el Centro Democrático y "Amigos del Arte"
"Con unos amigos –Santiago Dossetti, 'Lucho' Rodríguez Olascuaga, el Dr. Izeta, y 'Lito' y Raúl Morosoli, entre otros- fundó el Ateneo de Minas y el Centro Democrático que en aquella época fue muy importante porque si no se andaba de traje y corbata, al Club Minas no se podía entrar y ellos no tenían ningún interés de estar en el Club Minas porque eran personas humildes. Es por ello que fundaron el Centro Democrático de Lavalleja con ese criterio para aquellos que no podían entrar al Club Minas.
Con Amaral, Samuel Leiva, Casimiro Motta, fundaron la Sociedad 'Amigos del Arte', compraron la casa y empezaron con una tradición.

• El futbolista...
"Decían que jugaba horrible al fútbol, que era un 'pata dura'. Tengo una foto como jugador donde los futbolistas estaban cada uno con una camiseta diferente porque no tenían equipo deportivo para todos y donde los hinchas están todos de traje y de sombrero...".

• "Perico" amordazado en dictadura
"Voy a ser muy clara en esto: a mi padre, sin la editorial Banda Oriental, no lo conocería nadie porque las ediciones que él hizo las pagó de su bolsillo. Cuando mi padre fallece, tiempo antes estaba en tratativas con un editor argentino para publicar 'Vivientes' que al final este editor publicó. Luego nosotras no estábamos en condiciones de financiar, ni sabíamos como se podría hacer para financiar la publicación de sus obras. En esa época era conocido dentro del panorama literario pero no a nivel del pueblo, o en lo nacional. Por ejemplo, Banda Oriental realizaba año tras año nuevas ediciones de 'Perico' que era utilizado en las escuelas, salvo en la época de la dictadura militar en la que esta obra fue prohibida. Cuando nos enteramos que 'Perico' no era utilizado por las maestras, recuerdo que mi madre tuvo un disgusto espantoso. Así le preguntó a una Inspectora que era de su amistad sobre las causas de aquel insuceso. Esta persona le comentó que no existía ningún documento que lo prohibiera pero que a las maestras alguien les había dicho que no lo utilizaran. En la Escuela Nº1, la Biblioteca lleva el nombre de Juan José Morosoli y allí estaba un retrato pintado por Casimiro Motta. Lo cierto es que el retrato en la época militar fue quitado... Hasta que un buen día recibimos la visita del Sr. Hébert Raviolo para solicitarnos la exclusividad en cuanto tiene que ver con los derechos de autor. Se la concedimos y es así que Banda Oriental hizo todas las ediciones de Morosoli. El Sr. Raviolo nos acompañó el día de la inauguración de la Plazoleta en honor a mi padre y también el Sr. Pablo Rocca quien escribe en 'El País Cultural' y que es la persona a la que donamos nuestro archivo en su condición de Jefe de Archivo de la Facultad de Humanidades. Al Sr. Raviolo, siempre lo digo, le debemos la gran difusión de la obra de mi padre".

• Los amigos, la política...
"Tuvo amigos por el fútbol, amigos escritores y de la vida. En aquella época creo que el concepto de amistad era diferente porque la gente respondía de otra manera, una época en que la palabra dada tenía enorme validez. Minas era más pequeño, la gente se conocía más. Le cuento una anécdota que grafica lo que estamos hablando: en 1935 estaba afiliado al Partido Socialista, colectividad que en Minas era muy pequeña en aquel momento, y Don Solano Amilivia había ganado la Intendencia de Lavalleja en dos períodos consecutivos. Cuando terminó su segundo mandato, sus amigos, entre quienes estaba mi padre, pensaron en hacerle un homenaje en vida nominando una calle con el nombre de Solano Amilivia. Entonces, el día que se descubría la placa alguien tenía que hablar y entonces le pidieron a mi padre, como uno de sus grandes amigos, que lo hiciera. Mi padre habló y por ello los compañeros del Partido Socialista de Minas lo expulsaron de sus filas solamente porque había hablado bien de un blanco... Eso muestra la forma en que mi padre entendía la política y la amistad. Don Emilio Frugoni se enteró de esta determinación, se vino a Minas y lo hizo incluir nuevamente en las filas socialistas. Otro ejemplo: mi padre tuvo una sociedad comercial con Carresse en la cual vendían maquinaria agrícola y repuestos, sociedad que luego, por diferentes motivos se disolvió, es decir, tenía amigos de todos los partidos. Quiero decirle con esto algo que nunca entendí: que hay gente que es de un partido político y defenestra a quien no comulga las mismas ideas...
Mi padre nunca quiso integrar listas aunque siempre lo requerían para ello. Él entendía que en la política uno no podía desarrollar a ciencia cierta un ideario porque pensaba que la política práctica lo llevaba a uno, tal vez sin querer, a transitar determinados caminos que no pensaba recorrer. Él decía que no servía para eso".

• Clarín y sus historias...
"Tenía amigos que le contaban muchas cosas. Entre ellos una persona muy pobre que se llamaba Clarín que era hijo de una mujer que siguió a los ejércitos de la guerra de 1904 porque en esa época, en aquellas guerras, detrás de las caballadas venían las mujeres en carretas. La madre se murió y a Clarín lo criaron en la zona del Cementerio Central y cuando niño, salía a vender pasteles. Bueno esa persona nos visitaba en el Barrio Olímpico y mi padre le empezaba a preguntar y Clarín, que tenía una memoria privilegiada, comenzaba con sus cuentos de cosas que le había oído a la madre, al padre. Es decir que mi padre se nutría de cosas reales, de hechos que le ocurrían a la gente".

• La radio, la guerra de España, la Segunda Guerra Mundial
"Cuando se casó, le faltaría algún mueble pero no la radio que eran muy escasas en aquel momento. A través de ella siguió la guerra de España en todas sus alternativas y los exiliados españoles que vinieron al Uruguay, algunos de ellos muy importantes, vinieron a Minas como el caso de Rafael Alberti, el poeta que hace poco falleció y Don José Bergamín, otro afamado escritor español. Ambos vinieron a Minas a dictar conferencias y estuvieron en nuestra casa. Luego, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, en 1938, en los diarios salían los mapas de Europa donde estaba marcado donde se desarrollaba la guerra. En el comedor mi padre había puesto una tabla donde colocaba el mapa mientras escuchaba la radio para conocer qué era lo que estaba ocurriendo. Era un tema que le interesaba enormemente".

• Los homenajes...
"Cuando empezaron los homenajes, nosotras encontramos que mi padre fue un hombre muy sencillo y muy humilde. Por ejemplo, no le gustaba ir a Montevideo, prefería que sus amigos vinieran a Minas y cuando tenía que ir a la capital a dar alguna charla iba, prácticamente, obligado. Era un hombre 'arisco' en ese sentido.

En otro orden, en uno de sus libros, en 1938, narra la charla de un monteador en la cual dice que los montes de eucaliptus son en todo sentido perjudiciales. En ese momento, en aquella época, antes que se comenzara a hablar de ecología, él ya lo había notado. En 'Perico', a través del personaje que palea arena en el Santa Lucía, el niño dice que la arena del arroyo no se puede sacar de cualquier lado, que haciéndolo indiscriminada-mente, se 'mata al arroyo'...

Cuando la Fundación Lolita Rubial nos habla de la Medalla Morosoli, con mi hermana no estábamos de acuerdo porque sabíamos que nuestro padre no era amigo de esas cosas. Ahora, lo de la Plazoleta del barrio Estación es otra cosa, para el pueblo, un lugar donde la gente va a concurrir, a usufructuar. Es algo que nos entusiasma más que el tema de la Medalla. Es decir, resulta más sensible para nosotras los homenajes que se le tributan en las escuelas, escuchar por ejemplo a Raúl Jaimés entonando la canción a Morosoli, que otro tipo de homenajes, sobre todo teniendo en cuenta la forma de pensar de mi padre. A su vez, los materiales con que se realizó la obra de la Plazoleta son de nuestra zona, de nuestra campaña, tan identificada con mi padre.
Cuando mi hermana se casó se fue a vivir en la zona de La Salamanca, unos kilómetros pasando Aiguá y mi padre iba todos los fines de semana a disfrutar de la paz de la campaña. En ella se sentía plenamente feliz".

Un hombre feliz, gracioso, optimista...
"Fue un hombre profundamente feliz. Tal vez uno piense que un niño que sale de la escuela a los 9 años, que tiene que trabajar a pulmón desde ese momento, podía ser un hombre amargado o resentido con la vida. Sin embargo él era feliz. Por un lado, en casa de mis abuelos, el criterio de la familia era grandísimo. Por ejemplo, en Navidad nos juntábamos todos, el Día de Reyes era otro día importante. Mi padre fue un hombre de familia. En su escritorio, en una habitación bastante grande, se realizaban las reuniones con los amigos que tiempo atrás, cuando soltero, se hacían en el Café Suizo. Después de la década del ’30, luego de haber publicado 'Hombres' y 'Bajo la misma sombra' y después 'Los Albañiles de Los Tapes' ya era visitado por otro tipo de gente, y los periodistas comenzaron a visitarlo. Con sus amigos se carteaba con gran asiduidad y esas cartas también fueron donadas por nosotras.

Tenía enorme gracia, hacía chistes, con nosotras y entre amigos. Esa es otra cosa que resulta algo contradictoria porque los cuentos de mi padre son siempre tristes, provocan tristezas, donde todos los personajes son marginados, desamparados, que a veces están contentos solamente porque están haciendo lo que les gusta, pero en definitiva son desgraciados. Eso contradice el espíritu de mi padre, una persona alegre y optimista".

(Entrevista publicada en Semanario AREQUITA).

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