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SE FUE EL GRAN CAPITÁN: FALLECIÓ EL “TURCO” GILENI

En las últimas horas se produjo el deceso José Gileni Cassarino, uno de los grandes futbolistas que paseó su clase por nuestras canchas, una referencia ineludible cuando se habla de la historia del fútbol minuano. Enviándoles nuestra solidaridad con sus familiares y amigos, compartimos con nuestros lectores una entrevista que le realizáramos hace unos años al “Turco” en Semanario AREQUITA.



"...En esta tarde destemplada y fría del otoño minuano decidimos trazar una semblanza de alguien que durante 20 años deleitara a la afición futbolera con sus goles, su fuerza anímica, su inquebrantable fe ganadora y con la bohemia constante que ha sido su vida y a través de la cual cosechara tantos y tantos amigos: nos referimos a José Gileni Cassarino, conocido por todos como “El Turco” Gilene. De abuelos libaneses y sirios -de ahí su apodo- nuestro entrevistado de está casado con Ana Moreno (dos hijas: Rosana Laura y Carina María José y dos nietos: Juan Martín, y Agustina) ha tenido la deferencia de recibirnos en su casa de Avda. Varela, que luce la leyenda (en guaraní) “Guarupé” estampada en el frente, de la cual nos quedamos sin saber el significado.
- No sé, la casa me la construyó el indio Armanetti y nunca le pregunté lo que quiere decir “guarupé”...

Y ya adentrados en la charla, se entremezclan los recuerdos porque la actividad tras una pelota ha sido muy prolongada...

- Hablemos de sus orígenes futbolísticos...
- Soy de Toledo Grande, Canelones. Comencé a jugar en Toledo Grande, en el Club Libertad y luego en el Toledo Juniors, en esa época un equipo importante de la zona. También estuve en el Club Instrucciones, en la Liga de Piedras Blancas, a los 14 ó 15 años, también en el Club Lito. Después fui a visitar a un primo en Flores, el cual tenía un mercado de frutas y verduras, y me quedé un año jugando en el Club Nacional de Trinidad. Vine a MInas en 1952, con 21 años.El pase mío para Sportivo Minas vino proveniente de aquel equipo.

- ¿En algún momento de su carrera alternó en el profesionalismo?
- En 1949 me probé en Bella Vista. Después estuve en Misiones y luego, a través de unos familiares, me invitaron a probarme en River Plate pero no quise porque me exigían algunas cosas que no estaba dispuesto a ceder. Siempre fui un deportista que entrenaba como nadie pero también fui muy amigo de la bohemia, de las barras de los cafés, y eso, allá no lo podía hacer. Me acuerdo de un amistoso que jugamos en la Selección de Lavalleja frente a Misiones. En aquel club jugaban como delanteros el argentino Fratessi y López López. Con la “Julieta” Gastambide ingresamos en el segundo tiempo, cuando Lavalleja estaba perdiendo 3 a 0, y terminamos empatando en el encuentro que se jugó en la cancha de Central, aquí en Minas. Los dirigentes de Misiones (actualmente Miramar Misiones) me invitaron en ese momento para pasar a ese club pero los colores de Sportivo Minas siempre me tiraron y preferí quedarme aquí.

- ¿Cómo surgió su vinculación con Minas?
- A través de un amigo mío, Eugenio Álvarez Zapiráin, quien también era de Toledo surge mi vinculación con Minas. Su hermano Sabino Álvarez, junto con un Sr. Cabrera, estaba al frente del Hotel Garibaldi –hoy Hotel Verdún-. Allí trabajé de sereno durante un tiempo. Tuve un problema en la rodilla, jugando para Sportivo, una lesión de meniscos pero mi madre no estaba de acuerdo con operarme porque decía que podía quedar mal. Le hice caso y momentáneamente dejé el fútbol. Me fui para Salto. Primero me fui a trabajar como tractorista y poco a poco volví a practicar fútbol. Me sentí bien y me vine de regreso a Toledo. Un muchacho amigo, de apellido Deus, me invitó a practicar nuevamente en Misiones, este club se interesó en mi pero tuve una charla con Walter Guillermo Cuadri, un dirigente de nivel, realmente. Le dije que ya tenía 24 años. Yo nunca jugué por plata y quería contar con un trabajo fijo. Él me dijo entonces: “tenemos la sartén por el mango” porque el Presidente de la institución era el Dr. Sarandi Martorell, y a través de él podía conseguir un empleo. Me fui para Toledo y a los 15 días me llamaron porque me habían conseguido un trabajo en la Ancap, de chofer. Ingresé a la Ancap el 6 de abril de 1956 y allí trabajé hasta 1991, es decir que estuve 35 años trabajando en la institución.

- ¿Se siente nostalgia de dejar el Organismo donde trabajó tanto tiempo?
- En mi caso, uno mantiene un contacto fluido con los ex compañeros y de esa forma se da cuenta que todo forma parte de un ciclo. Además, siempre me mantengo activo, haciendo alguna cosa en mi domicilio. Por eso uno no añora en forma melancólica aquellos días en la Ancap.

- ¿Cómo transcurrió su trayectoria, una vez de incorporarse a Sportivo Minas?

- Aquí vine a jugar de back, tanto atrasado como adelantado. Ese era mi puesto original, aunque también me desempeñaba como centrodelantero. Tenía dos buenas piernas y también cabeceaba bien. Entonces, cuando me vinieron a buscar – vine conjuntamente con Julio César Martínez-, Walter Cuadri nos fue a buscar a la Estación del tren. Él me preguntó de qué jugaba y le dije que lo hacía como back a lo que me respondió que esa posición la tenían cubierta y me probaron como delantero frente a un equipo que vino de Montevideo. Ese día ganamos 4 a 0 y yo hice todos los goles en la cancha de Central. Jugaba Bartolo Núñez como puntero derecho, alguien que le pegaba “como los Dioses”. En el segundo gol yo estaba esperando el centro pero él le pegó al arco y luego de un rebote, la pelota me pegó en la cabeza y así hice el segundo gol en aquel partido. Yo sentía a la gente que decía: “¡qué golazo!” y yo pensaba para mis adentros: ¡qué zapallazo!...

Al domingo siguiente se realizó un cuadrangular entre Sportivo Minas, Las Delicias, Central y Barrio Olímpico. A Barrio Olímpico le hicimos cinco goles –dos goles míos- y por eso pasamos a la final con Central que le había ganado a Las Delicias. Ganamos dos a cero con dos goles míos. Y ahí quedé...

En 1959 yo era el centrodelantero de Sportivo, el “Pileta” Perdomo de Barrio Olímpico, y Machado Flores de Lavalleja. Entonces, Sudamer Olivera, el técnico de la selección nos dijo que no podía dejar a ninguno de nosotros afuera y así nos dijo: arréglense entre ustedes. Empezamos a hablar. Machado era un definidor neto, y yo jugué a la derecha y Perdomo a la izquierda. Al “Pileta” lo aprecio muchísimo, un gran amigo, una excelente persona en el sentido de la honradez. Bueno, para sintetizarle: en Sportivo Minas jugué durante 20 años, de 1952 a 1972. En la Selección de Lavalleja jugué durante 16 años.

- ¿En cuanto a dirigentes que le hayan dejado buenos recuerdos?

- A lo largo del tiempo uno tuvo la suerte de conocer a grandísimos dirigentes como el ya nombrado Walter Guillermo Cuadri, Andrés Nappa, Pedro Zabalza, con quien fui muy amigo, Héctor Leis, el padre del “Bolita”, “Pepe” Brun, grandes personas que entendían perfectamente el sentir del jugador.

- Volviendo a los mejores equipos que integró...
- Tuve la fortuna de salir muchas veces campeón y de haber integrado grandes equipos. La gente dice que lo mejor fue por el ’58 y el ’60, donde el equipo estaba muy bien balanceado entre la técnica y la fuerza. En esos años el plantel tenía muy pocas variaciones, más bien de dos o tres jugadores solamente. En 1959 era Umpiérrez el golero titular y el “Nenin” Rodríguez era su suplente y al año siguiente fue a la inversa. Después, el ala izquierda era Julio Perdomo, Héctor Montero, y en 1960 jugaron Viña y Heriberto Ferreira, otro fenómeno. El equipo se integraba además con Hernández, Cobelli, Juanino Massa, Julio Santana, José María Larrosa, Anicetti, yo, Machado Flores, Julio Perdomo y Héctor Montero. Al año siguiente fue el mismo equipo, salvo que cambiamos al golero y al ala izquierdo. Sudamer Olivera era el técnico y salimos campeones en 1959. Al año siguiente, el técnico era Miguel Fernández y también conquistamos el título, ganándole a Melo, a Rocha, en condición de invictos y con cinco puntos de ventaja. Empatamos en San Carlos y recuerdo que el dirigente Andrés Nappa, Presidente de la Liga en ese momento, le dijo al Tesorero, “Pepe” Brun, que le pagara a los jugadores como si lo hubiéramos ganado porque el árbitro nos había perjudicado abiertamente.
Luego volvimos a salir campeones ocho años más tarde, con la conducción técnica del ‘Negro’ Larrosa. Jugué 16 años en la Selección desde que “Naná” Villalba me citó en 1953, y donde había jugadores como la Julieta Gastambide y donde también había un cuadrazo...

- Sabemos de su adhesión permanente a la actividad de los seleccionados departamentales...
- Siempre sigo a las selecciones de Lavalleja, tanto a los chiquilines como a los Seniors, es que los colores serranos los llevo de verdad muy adentro mío por todas las vivencias que uno experminentó vistiéndolos.

- ¿Cómo asumió un sportivense como usted la fusión con Central?
- No tengo nada contra Central ya que tengo amigos en todos lados, pero la fusión me cayó muy mal y al final de cuentas no conformó a nadie. Mucha gente vino a hablarme y yo tomé una decisión y, aunque no sea vasco, mantuve la misma. El “Pocho” Cuadri al principio estaba de acuerdo con la fusión. Un buen día me llama y me dice que estaba de acuerdo con mi visión de la situación. Yo nunca dije nada, ni siquiera en las ruedas de café que suelo frecuentar. Yo tomé una decisión porque la fusión me cayó muy mal. Algo similar le pasó a “Nenín” Rodríguez y a tantos otros, supongo. Sportivo Minas ha sido siempre una institución importantísima, ha tenido sus momentos de esplendor y, sin quitarle mérito a Central, pienso que hay historias que no conviene mezclar. Ellos no tenían ni para armar el cuadro y Sportivo siempre se caracterizó por contar con un material humano muy importante, tenía y tiene a un muchacho como Walter Castro que siempre trabajó por los jóvenes, y es una garantía para los padres el dejar a sus hijos al cuidado de Walter. Yo ahora me volví a hacer socio de Sportivo Minas pero me quisieron poner en la Comisión Directiva y no acepté de ninguna manera.

- ¿Su visión del fútbol actual?
- El fútbol ha cambiado y con las cosas que pasan lo único que están logrando es alejar a la gente. Antes se podía ir tranquilo a una cancha, uno podía llevar a los chicos y mientras ellos se divertían, jugaban, uno podía mirar tranquilo el partido. Ahora eso es imposible porque los problemas están a la orden del día. Las familias no pueden ir al fútbol, es imposible. Yo siempre fui un jugador de temperamento, siempre entraba a la cancha a ganar. Me gustaba jugar más de visitante que en Minas pero en aquellos tiempos se vivía de otra forma. Yo era un jugador que jugaba fuerte pero jamás le pegué a nadie de modo desleal, nunca una patada de atrás, siempre fui de frente. Eso hizo que me fuera ganando el respeto de la gente. Ahora las cosas han cambiado, hay mucha droga de por medio y los riesgos son mayores. Cuando uno se estaba criando, en la casa había otro control. Ahora los gurises andan a cualquier hora y muchas veces no tienen límites. La cosa está difícil y máxime en estos tiempos en donde no hay oportunidades, no hay posibilidades para la juventud y las familias viven mal.

- Si tuviera que elegir entre los grandes jugadores que fueron sus compañeros, ¿por cuáles se inclinaría?
- La verdad que es difícil hacer distingos... La Julieta era un jugador excepcional. El jugador de fútbol pasa y la persona queda. Por eso me gustaría destacar a la Julieta Gastambide, a José María Bengochea, Silva, de Las Delicias, y muchos más como el caso de Tomás Bentancur, Aníbal Bachino, Anizetti, Rodolfo Pérez, entre otros. Y por supuesto Cobelli. El director técnico hace su planteo dentro del vestuario y el técnico rival, de alguna manera, lo quiere contrarrestar. Cobelli era un verdadero estratega dentro de la cancha, era el que mandaba dentro del terreno de juego.

- Incursionemos en algunas anécdotas que surgirán a montones...
- Hay anécdotas por medio del fútbol que son realmente inolvidables. Sabido es que al fútbol del interior, el de la Auf nunca le dio bolilla. Tan es así que en un partido en Batlle y Ordóñez me agarré a trompadas con el back adelantado rival, el “Polaco” Pintos, y me expulsa el juez que era de Montevideo, Larzábal. Terminó el partido y estábamos en el club tomando un refresco. Aparece entonces el juez que me dice que se quería venir con nosotros porque si no se quedaba anclado en Batlle y Ordóñez. Yo le dije: “¿Qué pierna te voy a hacer si me echaste?”... Entonces el juez me contestó: “Pará un poco que no he hecho los formularios”... Lo cierto es que a mí “me sacó la expulsión” y le terminaron dando dos partidos a Walter Montero que era suplente en aquel tiempo y que en ese partido no había jugado ningún minuto... Había árbitros y árbitros... También me arbitró Marino. Era un juez al que uno no podía ni arrimarse...

Otra de las anécdotas
Por aquel momento era difícil ir a Rocha, a Melo, a Treinta y Tres donde en 1959 se armó una batahola generalizada. Melo en aquel momento tenía un equipo excelente. Siempre se armaba lío con ellos. El “Chiquito” Zeballos, que era el chofer de Corporación, llevaba el ómnibus a la Comisaría para que vieran en el estado en que llegaba porque siempre le rompían algo...

En Tacuarembó y en Maldonado tuvimos algunos inconvenientes de Comisaría. Yo estuve suspendido durante dos años y medio a nivel de Selección por agresión a los jueces. Lo que pasa que uno hacía 200 km., jugaba 90 minutos para ganar y ellos con un pitazo decidían todo. Para jugar de visitante uno podía estar medianamente tranquilo si nos arbitraba Boullosa o Marino, nada más.

- De manera que a pesar de las grescas cosechó un montón de amigos...
- Siempre pensé que la salud, la familia y el trabajo son las cosas más importantes de la vida. Lo que quedan son los amigos, eso es lo importante. A donde vaya, me encuentro con amigos, incluso he granjeado la amistad de rivales circunstanciales con los que tuve varios enfrentamientos en aquellos choques a nivel de selección, como el caso del “Negro” Vera que era golero de Rocha.

- Y hablando de bares y cafés, ¿fueron como un “complemento” de su actividad?

- Al primer café que concurrí fue al de Tabeira porque Sportivo tenía la sede allí. Después al bar de Ramón Correa, en Ituzaingó y Carabajal. Siempre fui tomador y no lo digo como que fuera una hazaña. También frecuenté el Bar Patricia, el Tico – Tico cuando lo tenía Pelúa, a lo de Castro, en el Barrio Olímpico, frente a la Plaza de Deportes. Si uno lo sabe llevar, si aprende a conocer las cosas, el boliche es una verdadera Facultad. De repente, la palabra amigo es muy importante. Tal vez para contar a los verdaderos, te sobren los dedos de una mano. Reconozco, eso sí, que “amigos de boliche” son algo muy diferente...

Horas enteras podrían transcurrir hablando con este hombre que ha sido estandarte de los colores serranos a través del tiempo. Un caudillo que ha ayudado a escribir la historia futbolística de este pueblo, partícipe como ha sido de tantos triunfos y de tantas grescas memorables. Historia viva y palpitante que hemos tenido el privilegio de recrear allí en su “Guarupé” donde vive desde hace 20 años, resguardado por el amor de los suyos.

Hace un tiempo tuvo un quebranto severo de salud, siendo operado del corazón. Después lo operaron de la cadera, más recientemente, andando en moto, lo embistió un auto y le rompió una pierna. Pero sigue tan campante como dentro de la cancha, el Turco Gileni, más conocido como el capitán serrano...

Antes de irnos, le expresamos en son de broma nuestra extrañeza de que un sportivense en cuerpo y alma como él, viviera prácticamente en Las Delicias, a lo que nos contestó:
- Primero fíjese bien, mire hacia allá abajo... Cerquita nomás está corriendo la cañada Zamora...

1 comentario :

Jorge Cappi dijo...

Un enorme jugador !!!!

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