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EL MUNDO VISTO DESDE UNA BATERÍA

La batería lo llama desde un rincón, pero él se hace un tiempo para conversar de música, de ritmos, de cursos y de proyectos. A cada rato se le desata una sonrisa de oreja a oreja, igual que se le desatan manos, pies y emociones cuando es hora de hacer música. Conversamos con Alomy Prates Missio.



La batería, tal como la conocemos, comenzó a desarrollarse y tomar protagonismo con las orquestas de jazz, cuando se empezaron a agregar cuerpos, platillos, sonidos diferentes en los tambores, pedales. De hecho, el puro aspecto visual del instrumento es capaz de transmitir muchas cosas, y Alomy confiesa que comenzó a tocar, entre otras cosas, porque le impactó la parte estética, que siempre le llamó la atención: “cuando lo tuve por primera vez, me conecté con el instrumento y nunca más me separé de él” dice sonriendo.

No es el único instrumento que practica, sin embargo. Sus comienzos como músico estuvieron vinculados al bajo: a los trece años, y sin posibilidades económicas, tomó una guitarra criolla a la que faltaban dos cuerdas, para entrar a una banda como bajista.
Así empezó su carrera musical, más allá de que siempre fue un gran escucha desde pequeño, motivado en parte por una familiar cultura musical. “El equipo de música era lo más lindo de la casa –recuerda- Lo poníamos y a bailar”. “Escuchaba música brasilera en la infancia. A los 12 años empecé a escuchar música moderna, por la influencia de la televisión y de los medios de comunicación”. Empezó a comprar libros, y sigue estudiando con varios profesores, en busca de un estilo ideal, tomando cosas de cada uno. Osvaldo Fattoruso, además de ser uno de sus referentes musicales, fue uno de sus docentes, en un taller que me enriqueció mucho musicalmente. Son cosas que te dan fuerzas para seguir, que te motivan.
Durante el año pasado, incursionó también en el estudio del piano.

Reconoce que en el presente, el aprendizaje musical es más fácil porque hay mucha información y se han sumado, de generación en generación, cuestiones que fueron muy difíciles de “inventar” en su momento. Antes, además de las dificultades para conseguir el instrumento, no había forma de ver a los grandes intérpretes, los discos de pasta se escuchaban mal, y acceder a un profesor no era sencillo. 

“Aprendí de todos los músicos que me rodean y me enseñaron estar al servicio de la canción siempre ¿qué queremos decir, qué queremos expresar? una canción nos provoca determinadas sensaciones o imágenes, siempre diferentes. Fui aprendiendo a escuchar al otro, y es bueno que haya de todo. Cada canción dice algo y tiene su momento; y hacer diferentes géneros resulta enriquecedor”. 

En Minas, por otra parte, hay muchos bateristas. “Se da con algunos, como Rafa Rodríguez, Diego Munúa y en mi caso, que somos bastante versátiles y disponemos de tiempo, estamos dedicados. Yo ando en la vuelta, me hago el tiempo para ensayar y termino tomando yo el trabajo. Diego nos ha dejado un espejo. Fue mi primer profesor y cada vez que lo veo sigo aprendiendo de él. Es un camino a seguir, desde Rosasnegrass”.

Los cursos que ofrecerá serán de batería en su versión americana acústica, en clases de una hora, con frecuencia semanal, y el alumno no requiere de instrumento, materiales y partituras son proporcionadas por el docente. 
Las clases no siguen un método preestablecido, sino que se ajustan en función de las de las expectativas de los alumnos, que suelen ser diferentes para cada uno. Se repasa la técnica, la postura para cuidarse los tendones. Muchas veces, de los conocimientos previos, la experiencia o del tipo de música dependen los objetivos, y es bueno tenerlos claros para organizar un plan de trabajo con el alumno. 
“Mi función es compartir los conocimientos que tengo para facilitar lo que los alumnos quieren hacer” nos comenta Alomy, pero la tarea no es sencilla: la batería es un instrumento que requiere un importante trabajo de coordinación (se toca con los dos pies y los dos brazos) y aunque pueda pensarse que el tiempo de estudio es poco, de los ejercicios de una clase se pueden multiplicar indefinidamente. Armar un ritmo requiere trabajar de a poco, hay que tener disciplina, ya que es imposible coordinar todo de una vez y empezar a tocar inmediatamente. 
Los interesados pueden comunicarse al celular 098 620 422, o pedir información personalmente en Avenida Fabini 871 (antes de llegar a calle Rocha). Los horarios se coordinan en cada caso.

Abundan los desafíos para este año, prometedor en cuanto a las clases, y en el que posiblemente, conformando un grupo, a fines del 2016 se ofrezca una muestra para resumir el trabajo anual. Además, aunque no hay “confirmación oficial”, seguramente participará en la grabación de un par de discos, con Los Cuquetas y Gnomo, y junto con Urbano Moraes está la idea de salir a otros departamentos, intercambiar, experimentar, así que todo será cuestión de… tomarle el ritmo.

Este texto es sólo un extracto de nuestra conversación con Alomy, y el artículo completo será publicado en Semanario Arequita del próximo sábado

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