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EL PODER DE LAS PALABRAS, Y EL ENCANTO DE LAS PALABROTAS

Ayer Laura Falero presentó "Graciosa" en la Casa Encantada, como parte de las actividades por el Mes de la Mujer. Una obra llena de humor ácido que transforma la vida cotidiana de una mujer en múltiples y sucesivas ocasiones para meditar las imposiciones sociales en cuestiones de género. Y aunque es difícil entrevistar una comediante "con la seriedad del caso", no pudimos evitar dialogar con la protagonista.



El canto y la música formaron parte de su vida, y el humor una herramienta para vincularse con sus amistades. Abuelo violinista, padre saxofonista y hermano guitarrista, los antecedentes artísticos en su familia son fuertes (y machos). A ella, (que no sabemos si es fuerte, pero irrefutablemente es mujer), le dio por las Ciencias de la Comunicación.

Tiene título (se ríe al asegurarlo) pero está dada de baja en la Caja de Profesionales porque no puede pagar la cuota. Es que una vez titulada, se le ocurrió ser artista.
Estudió Ciencias de la Comunicación, con especial interés en el lenguaje oral. No tardó en darse cuenta que había muchas formas de comunicarse y de tejer redes de comunicación de distintas maneras. Empezó su camino a través de la escritura, hasta que se le ocurrió fusionarla con el humor, y fue a través del humor, que se instaló en el género del stand up, incipiente en Uruguay.

Desde el principio se propuso, según confiesa “dar un mensaje, quizá un discurso político sobre algunas cosas, me parecía que desde un lugar descontracturado como es el humor y la oralidad podía decir muchas cosas”.
Desde entonces se han ido fusionando su profesión de comunicadora con la de artista, comediante, música, actriz… todo lo que ha estudiado. Aquí siguen surgiendo pistas de su currículum: “Estudio teatro hace tres años, estudié comedia en el Club de la Comedia de Montevideo, el género stand up empezó a crecer y se convirtió en un lenguaje de a poquito que se va instalando en Uruguay y en América Latina (es anglosajón), donde se habla desde tu voz y no desde un personaje, donde no hay cuarta pared como sí la hay en el teatro, necesitas la mirada del otro, la conexión. Me pareció como comunicadora que era el lugar que más me interesaba”.

Su primer monólogo, a los 27 años, hablaba sobre la crisis de los 30, en la que no creía. Siguieron otros estereotipos y mandatos sociales. “me empecé a dar cuenta que no me interesaba hacer el chiste que le gustara a todo el mundo, sino hacer crítica”, dice, consciente que su humor, bajo esta perspectiva, no es para todo público. “El chiste existe porque hay alguien a quien no le gusta. El chiste gratuito, ofensivo, que en vez de desmitificar el estereotipo lo impone, no está bueno. La burla tampoco. Mi humor es siempre desde lo que me pasa a mi, desde mi experiencia intento derribar mitos y estereotipos”.

Su performance “Graciosa” llegó a Minas en el marco de las actividades por el Mes de la Mujer. También se presentó, con igual motivo, a través de la Intendencia de Montevideo y en distintas instituciones. Más estereotipos.
“No creo mucho en el Mes de la Mujer, porque me parece una boludez, pero son cuestiones que hay que erradicar”, comenta, y aclara: “Soy feminista, activista, desde un feminismo bien entendido, no es una contraposición al machismo, un feminismo empático, que quiere incluir a todo el mundo con empatía y no promover eso de que la mujer se empodere porque no creo que tengamos que hacerlo. Es un romanticismo que no comparto, sino que al revés, tenemos que empezar a hacer que nos crean, tanto como lo hacen con los hombres y con todos los géneros. Es una cuestión de que todos somos iguales y todos tenemos los mismos Derechos Humanos. Ahora hay una sensibilidad muy especial, todos hablan de feminismo y nadie entiende mucho lo que es. En esto también estoy y para eso hago mi show”.

Esa “sensibilidad especial”, por supuesto, no ha cubierto con su mágico manto a todo el universo. A los escritorios donde se colocan las etiquetas de “cultural” o “no cultural”, por ejemplo, todavía no llega. Pero no hay enfados, más bien, una cierta conmiseración. “Estoy acostumbrada a que pase eso. Es una versión más del prejuicio que hay. Y voy a citar una frase de Eduardo Galeano: No hay nada que de más miedo al hombre que una mujer sin miedo. Desde ahí partimos. Si viene un hombre y hace lo que hago yo, seguramente no pase nada. Hay un prejuicio que está naturalizado y quizá no se dan cuenta que eso está instalado, en nuestra herencia genética, tanto de hombres como de mujeres. Lo veo como algo completamente naturalizado: el varón no se cuestiona y la mujer siempre”, nos responde cuando le preguntamos si estaba al tanto de los motivos por los que la obra debió ser presentada en una locación alternativa.

En definitiva, el balance es bueno: “La presentación fue maravillosa. Fue la primera vez que toqué piano en un show. Toco el ukelele porque es un instrumento fácil de transportar, pero mi instrumento es el piano. Cuando llegué y vi en la sala un piano pregunté si funcionaba, si lo podía usar. A esta presentación no me la voy a olvidar. Fue poner en práctica lo que vengo pensando hace mucho, como un ejercicio. Estoy agradecida y plena por ello, muy llena. El público acompañó muchísimo, vi caras, cuando el público entra en ese éxtasis de la risa, es maravilloso de ver, te carga de una energía muy linda. Y eso lo sentí, que la gente estaba conmigo, que nos conectamos, porque este es un género para conectarnos, para mirarnos y pensar en lo que estamos diciendo desde la risa. Lo voy a atesorar porque fue divino, estoy contentísima” evaluó.

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