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LA COMUNICACIÓN TENDENCIOSA


Las modalidades de comunicación entre las personas que nos han traído estos nuevos tiempos del Siglo XXI, llámense redes sociales como Facebook, Twitter o WhatsApp (por nombrar a las más populares), acarrean consigo tanto la reflexión sana y enriquecedora sobre temas de interés común, como la crítica agresiva y despiadada hacia lo que se rechaza.

Estas formas de comunicación no tienen filtro, salvo el criterio individual de cada uno, en el cual tallarán variables tales como la formación, la coherencia, la ética, la moral, etc.

En este contexto, hay personas que -más avezadas que otras- acompañan sus publicaciones con una intencionalidad determinada, a veces solo por entretenimiento, otras por diversión y otras con la finalidad de lograr reacciones que contribuyan a sus intereses.

Como Uruguay es un país politizado y partidizado, la gran mayoría de nosotros asocia nuestra calidad de vida a lo político-partidario y al gobierno de turno, y no solo lo asociamos, sino que le adjudicamos la total responsabilidad de nuestra suerte, sobre todo si la suerte es mala. Muy pocos se ponen la responsabilidad de su vida al hombro independientemente del partido que esté en el gobierno, aprovechando sí las políticas de Estado igualitarias que existan, pero la esencia radica en la dosis adecuada de capacidad personal para administrarse coherentemente con sus posibilidades.

Volviendo al tema de la comunicación, el humor ácido es una herramienta muy frecuente para transmitir desaprobación y generar opinión en el receptor. Cuando se “viraliza” -término muy utilizado actualmente en este ámbito- es un arma muy valiosa para los transmisores de esos mensajes.

Ya avanzada la segunda década del Siglo XXI, con un tercer período consecutivo de gobierno de izquierda, la derecha está inquieta. Lo que creían sería una mala experiencia gobernante de un partido “sin experiencia” y que a los 5 años el pueblo “se daría cuenta del error” y volvería al conservadurismo de los partidos tradicionales, era solo una idea que estaba en el imaginario de los dinosaurios de la política del siglo pasado.

Políticas de Estado como la reinstalación de la negociación colectiva, que propició el crecimiento del salario real de más del 50%; cifras de desempleo que llegaron a guarismos ínfimos; número récord de trabajadores afiliados al BPS, con todos los derechos que ello conlleva (salud, seguro por accidente, beneficios sociales, etc.); una reforma tributaria valiente que apunta a la proporcionalidad de oportunidades; la universalización de la salud; el Plan Ceibal, que inyectó en la venas del país la vacuna contra la exclusión educativa de futuro; el Plan Ibirapitá, que incluye a los adultos mayores en las nuevas herramientas de comunicación; el cambio de matriz energética; reducción notoria de la pobreza (la mayor reducción de América Latina) y tantos otros logros que torcieron hacia la izquierda el rumbo del país, y esto significa dar importancia a los más desposeídos, luchar contra la exclusión y la desigualdad social y hacer un país más equitativo.

Por todo ello, la picardía derechista lanza sus dardos con medias verdades, que no dejan de ser mentiras, exagerando y poniéndole tintes humorísticos a través de mensajes cortos y filosos.

Yo me pregunto: ¿si Facebook o WhatsApp hubieran existido en 2002, habrían circulado este tipo de mensajes socarrones y taimados riéndose de los niños que no tenían para comer y que abarrotaban los comedores escolares porque sus padres no podían satisfacer esa necesidad básica? ¿Y saben con cuánto contribuía el Estado en esos comedores? Una cuota de $ 5,63 (sí: cinco pesos con sesenta y tres centésimos) por cada niño en 2002.

Me pregunto también si ese mismo espíritu festivo en los mensajes malintencionados habría existido en esas mismas personas que hoy los crean y los difunden cuando eran asalariados y no podían cobrar el sueldo en efectivo, sino que se les entregaba un tícket de alimentación como forma de salario. ¿No se acuerdan?

¿Y no se acuerdan del corralito? que nos atrapó a los más incrédulos mientras que la clase política, por tener contactos e influencias, se apuraba por retirar todos sus ahorros de los bancos y de las cooperativas antes de que se pusiera en vigencia el cierre.

¿Habrían mandado mensajes subliminales para reírse de esas situaciones, entre otras muy jodidas que debimos pasar en la mayor crisis del país?

Todo es relativo. Pero lo único absoluto en mí es la ideología de un rumbo donde la justicia social siga tallando fuerte para evitar las desproporciones. Por eso defiendo a un gobierno de izquierda, porque -en lo que llevo de vida- es el único que ha trazado políticas de Estado de oportunidades igualitarias.

Carlos Cardinal
Edil Departamental
MPP - 60. Frente Amplio

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