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SOLÍS DE MATAOJO RINDE HOMENAJE A MANUEL ESPÍNOLA GÓMEZ

El día de hoy miércoles, a las 19:00 horas, en Casa de la Cultura de Solís de Mataojo, Arte Joven Local procederá a la apertura de una exposición de dibujos y pinturas en homenaje al destacado artista plástico Manuel Espínola Gómez, nacido en dicha localidad.



La invitación ha sido cursada por el Municipio de Solís de Mataojo y en la ocasión expondrán Luis Adrián Pérez, Álvaro Saucedo, Raúl De Armas y Kevin Torrico, mientras Dubal Ney Ramos será el artista invitado a la muestra.

Manuel Espínola Gómez nació en un rancho sobre la carretera, a la salida de Solís de Mataojo, departamento de Lavalleja, a las 23:30 del 5 de julio de 1921, luego de que el Dr. Delfino recurriera a fórceps para que Evarista Gómez pudiera dar a luz a su único hijo.

“Vivía con mi padre, Manuel Espínola, el ‘General’ -alto, delgado, nada que ver con ser militar-, mi madre y un tío materno. Cuando ella falleció, quedaron los dos y yo. Luego nos trasladamos al centro del pueblo, seguramente con el propósito de que yo fuera a la escuela”.

El rancho natal era un sitio de paso para jinetes y charrets. Esa sensación de estar de tránsito perduró luego en sus otros domicilios, “como si solo pudiera entablar con ellos relaciones pasajeras, sin verdaderos cimientos”.

Perdió a su madre cuando tenía 5 años, viendo llorar al padre como nunca vio llorar a un hombre, refugiándose en esa imagen paterna que fue su protección, amistad y guía. 
El “General” cocinaba todos los días y para distraer a su hijo trazaba deficientemente sobre papel unos perfiles militares que el niño repasaría a medio centímetro de la línea matriz.
“No tenía con quien jugar. No había niños radicados cerca de mi casa. Entonces, me tenía que divertir como pudiera, solo”.

Vivió parte de su infancia en casas con piso de tierra, sin agua ni luz eléctrica, en habitaciones precarias y conoció en ellas variadas inclemencias, aceptadas y recordadas con naturalidad. 
Recordaba su primer triciclo, el color de un carrito de madera, el accidente de un automóvil de juguete que le trajo su padre. Su mayor placer era ver un caballo trotador desde atrás y la imagen de los ómnibus alejándose en la noche, sensación que asociaba a las luces rojas, amarillas, azules y verdes de la parte posterior que veía perderse en el camino hasta desaparecer. 

Hasta que aparecían visitas y el niño de 4 años disparaba por el pastizal del fondo.

Solo cursó Primaria. “Cuando yo iba a la escuela se daba una principalísima importancia a la memorización. En materia geográfica, había que aprender hasta el nombre de las cañadas. 
Y todo eso es tiempo perdido, porque no tiene ninguna importancia”, afirmaba a la distancia. 
Atribuía el resultado a “un sistema que no privilegia las facultades deductivas sino apenas la parte retentiva”.

(Extractado del suplemento especial publicado por Semanario AREQUITA “Manuel Espínola Gómez: genio y figura”, del 15 de julio de 2011).

 

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