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PUENTE OTEGUI: UNIENDO LAS MÁRGENES DEL ARROYO SAN FRANCISCO

Nueve décadas de una gran obra patrimonial de Minas.
El 25 de agosto de 1927, con la presencia del Ministro de Obras Públicas, Ing. Víctor Benavidez, los representantes nacionales por el novel departamento de Lavalleja, Francisco Bustillo y Arturo Moré, autoridades departamentales como los integrantes de la Junta Económico Administrativa encabezada por Santiago Sanz y los hermanos Otegui de Arostegui inauguraron y entregaron a la comunidad el puente sobre el paso de San Francisco, lindante con el edificio de la quinta, que su abuelo materno, José Antonio de Arostegui, levantara a mediados del siglo XIX.



Originario de Guipúzcoa, País Vasco, José Antonio de Arostegui colocó la piedra fundamental de una dinastía comercial y agropecuaria surgida en Minas que durante el siglo XX alcanzó en lo nacional los primeros planos, firme puntal de los negocios al exterior en rubros como cueros y lanas.

Hace cuarenta años, cuando en 1977 era recordado el cincuentenario de la construcción del puente José Antonio de Arostegui, así como también la génesis, desarrollo y proyección de una obra que es patrimonio cultural, intelectual y físico del departamento de Lavalleja, el Dr. Pedro Zabalza Arrospide, conocido profesional, hombre público que ocupó todos los cargos elegibles desde edil de la Junta Departamental, Intendente Municipal, Diputado, Senador e Integrante del Consejo Nacional de Gobierno, decía sobre la misma: “Cuando donaron el puente, creación casi faraónica hace medio siglo, la estulticia de los pedestres objetaba a sus constructores por no saber calcular el rédito de su quimera. Fue un hito que señaló otra etapa de la fiebre realizadora minuana. Los Otegui crearon desde puentes sin tránsito hasta bibliotecas sin lectores, porque con su fe magnética, sabían que algún tiempo después aparecerían los transeúntes y los lectores”.

Este resumen de las palabras del Dr. Zabalza sirve para enmarcar a la familia Otegui de Arostegui, dentro de los creadores de “la cosa pública”, impulsando la construcción del Hospital de Caridad (hoy “Dr. Alfredo Vidal y Fuentes”), el Colegio San José y la Biblioteca del Club Social Minas, entre otras muchas obras. Las hermanas María y Agustina Otegui de Arostegui, señoritas que se dedicaron con esmero a criar los hijos de su hermana Roca María, desposada con Luis Arrospide a saber Luis Horacio, Tarzio Miguel, Juan José, María Elena, Ofelia, las mellizas Tula y Chichita, fueron personas que entendieron el aporte a la comunidad como una extensión de su fervor religioso e hicieron de él un vehículo para que derramara en la comunidad el fruto de su actividad particular.

Esa tarde de fecha patria, 25 de agosto, cuando faltaban tres años para celebrar el centenario de la primera constitución, fue la fecha en la que los hermanos Antonio, Miguel, Francisco y Eustaquio Otegui de Arostegui eligieron para celebrar la habilitación de esta colosal obra pública que solucionaba los problemas de tránsito en la zona Sur de la ciudad de Minas, porque por allí pasaba la casi totalidad de la leña que se consumía en la ciudad y también las innumerables riquezas del subsuelo con especial énfasis en mármoles, calizas, dolomita y pórfidos famosos por su nobleza y calidad.

Los hermanos Otegui


En la primera mitad del siglo XIX se afinca en su granja o quinta junto al arroyo San Francisco el vasco José Antonio de Arostegui, quien formó familia con Ignacia Bengoechea, también de estirpe éuscara, una de sus hijas María Agustina, es desposada por otro inmigrante vasco, José Otegui.

La familia Otegui-de Arostegui tuvo varios hijos: Francisco, Antonio, Miguel, Fermín, Eustaquio, María, Agustina y Roca. La familia continuó con la explotación agropecuaria, venta de leña y carbón, además de recibir mercadería para la firma de consignaciones Helguera & de Arostegui, en Montevideo.

Muy joven aún el mayor de los varones, Antonio, se fue a trabajar en ella bajo directas órdenes de los propietarios Hilario Helguera y José Miguel de Arostegui. Estudioso, tesonero, y como dice en su biografía el Dr. Conrado Rodríguez Dutra, “heredó de sus padres las mejores virtudes admirablemente representativo de su raza vasca, bondadoso, amante del trabajo, unido a una natural franqueza, sencillez y honradez proverbial posibilitaron que en el año 1906 adquiriera la empresa junto a Hilario Helguera transformándola en una gran exportadora de lanas y cueros”.

En el año 1915, Antonio adquiere la totalidad de la firma e incorpora a sus hermanos Miguel, Fermín, Francisco, y Eustaquio, convirtiéndola en la segunda firma por su nivel de comercio exterior en los rubros lanas y cueros.

Allí se produce la asignación de tareas mientras Antonio, junto a Miguel y Fermín, se encarga de la barraca, Francisco y Eustaquio se hacen cargo de la explotación de varias fracciones de campos ganaderos y agrícolas en Lavalleja. Sus hermanas María y Agustina, que poblaron la vieja casa solariega junto al puente de Arostegui hasta mediados de la década del ’60 del siglo pasado, quedaron en Minas y se encargaron de la crianza y educación de los hijos de su otra hermana, María Roca, casada con José Arrospide. Además, colaboraron con numerosas obras sociales de carácter religioso, muchas conocidas y otras que quedaron en el recato de su experiencia cristiana. Otra de las características sobresalientes de los miembros de la familia Otegui fue la forma de practicar su fe, “dándoles pescado, pero enseñando a los demás a pescar, para que lograran su manutención”.

En 1923, los hermanos Otegui sufrieron la pérdida de Fermín e hicieron pública su determinación de comenzar a trabajar en la construcción de un puente que uniera a la ciudad la parte Sur del departamento.

Siempre los Otegui estuvieron vinculados a la comunidad, su generosidad sirvió para que instituciones como el Club Social Minas contara, a poco de inaugurado en 1930, con una biblioteca muy importante, que hoy día recibe el nombre de Antonio Otegui.

El Lavalleja F.C. también recibió de otros miembros de esta noble familia importantes aportes para sostener su campo de deportes y llevar adelante sus campañas. Es que Miguel Otegui era partidario del club e integrante de sus primeros equipos.

En 1953, doña Justa Prieto de Otegui y sus hijos Francisco, José Tulio y María Hilda, concretaron la aspiración de Francisco (Don Quito, como se le conocía familiarmente), completando la donación que posibilitó la construcción y equipamiento de la sala de pediatría del Hospital “Dr. Alfredo Vidal y Fuentes”.

Eustaquio y sus hijos José y Héctor, María y Agustina Otegui de Arostegui figuran en la nómina de personas que aportaron a la colecta para equipar con las primeras butacas que se inauguró la sala de teatro de la Casa de la Cultura.
El colegio y liceo Nuestra Señora del Huerto también se vieron favorecidos en múltiples oportunidades con aportes de la familia para llevar adelante su gestión educativa.

Esta es la somera descripción de algunos aportes realizados durante el siglo anterior con generosidad por los miembros de la familia Otegui.

Antecedentes


Para los Otegui, la intención de lograr unir las dos márgenes del San Francisco fue una preocupación puesta de manifiesto en muchas ocasiones. La historia recuerda que Don José Otegui y Don Manuel Gomendio decidieron la construcción de un puente sobre el arroyo San Francisco, allá por 1890. La estructura, confeccionada sobre la base de alambres y postes, fue utilizada durante 14 años. Posteriormente, fue Don Pedro Villar quien tomó la posta de construir un puente sobre esta corriente de agua. Logró concretar su idea, pero una creciente del San Francisco inutilizó la construcción al poco tiempo de ser puesta en funcionamiento.

Las críticas y buenos consejos aportados por personas que como decía el Dr. Zabalza…”la estulticia de los pedestres objetaba a sus constructores por no saber calcular el rédito de su quimera”, fueron moneda corriente para ellos cuando decidieron iniciar la obra en el año 1926. Tras varios estudios y cambios sugeridos por los técnicos de la empresa Dickeroff y Widmann, la que contaba con la experiencia necesaria para acometer este tipo de construcciones por haber realizado construcciones similares en Canelones y Florida, se determina la ubicación actual. La ubicación primaria era con salida a la calle José Enrique Rodó porque facilitaba el acceso al centro de la ciudad, pero las curvas de creciente hicieron a los ingenieros aconsejar este cambio.

El proyecto final del estudio de los técnicos determinó en 1926 la ubicación definitiva de la obra donde le conocemos y la construcción comenzó en septiembre de ese año.

El puente es de cemento armado en cinco tramos de hormigón, siendo el del centro de treinta metros de luz en forma de arco por la parte superior y los cuatro tramos laterales rectos e iguales. Los tramos se apoyan sobre pilares construidos de hormigón ciclópeo, excepto los dos centrales que son de piedra granítica cortada en pentágonos irregulares. Esta piedra fue extraída en las canteras del campo que fue del Brigadier General Juan A. Lavalleja, adquirido por los hermanos Otegui a los sucesores del héroe. De acuerdo a la memoria descriptiva elaborada por los técnicos, el largo total del puente, tomando de eje a eje las cabeceras de acceso, es de 83 metros, y la longitud total de la calzada de 91 metros. El ancho de la calzada entre cordones es de seis metros, a los que se agregan las veredas laterales, también de hormigón de un metro de ancho cada una. De hormigón armado y un metro de altura son las barandas laterales. La altura de la viga parabólica tomada desde el nivel de la calzada al puente es de seis metros con cuarenta y cinco centímetros. La altura del tablero del puente al nivel mínimo de las aguas es de cinco metros.

La inversión costeada por los hermanos Otegui de Arostegui fue de acuerdo al presupuesto de $ 50.000 (cincuenta mil pesos). Demás está aclarar que eran pesos oro, por lo que no existen parámetros que permitan actualizar este monto. Esta mención da una idea completa del valor del generoso aporte de la familia Otegui al departamento, pero también al país, porque era precisamente en momentos donde comenzaban a surgir los grandes emprendimientos como Conaprole, Funsa, e incluso la compañía omnibusera Cutcsa, en Montevideo, verdaderos emblemas a nivel nacional. Todo esto dicho sin olvidar la construcción del Palacio Legislativo o el Estadio Centenario, que desde el punto de vista de la construcción también significaron hitos importantes en la historia reciente del país.

Es que emprendedores como los hermanos Otegui de Arostegui tuvieron en ella la forma de expresión en que se aprovechó la época de bonanza y desparramar los frutos provenientes de la riqueza generada en el campo traducida en mejoras que aportan a la calidad de vida de los ciudadanos sin distinción de clases sociales. Porque las carreteras, con puentes como el José Antonio de Arostegui, permitían una circulación más fluida de bienes y servicios, además de servir a los habitantes en su necesidad de intercomunicación.

Una verdadera fiesta


Un puente, en el pensamiento liberal de los hermanos Otegui de Arostegui, es por propia definición una vía de libertad en su más amplia acepción. Porque un puente permite bajo casi cualquier circunstancia atravesar un obstáculo geográfico y acercar a gente que vive lejos, es aumentar la calidad de vida de sus semejantes. Por eso la ciudadanía del departamento Lavalleja recibió con alegría la habilitación de esta vía en el entendido que era portadora de civilización y progreso.

Desde algún tiempo antes los vecinos contentos con la edificación de la obra se habían reunido en la sede del club Unión y Fomento en torno a una comisión popular de homenajes a los miembros de esta familia vasca de origen, pero lavallejinos hasta el tuétano que no encontraron mejor forma de perpetuar a sus antepasados con una obra pública sumamente necesaria.

Abogados, doctores, comerciantes y demás ciudadanos querían mostrar su público reconocimiento a la generosidad de sus familiares. Pero también querían testimoniar el recuerdo a ese hombre José Antonio de Arostegui, que vivió una vida de honradez y trabajo y murió dejando de su paso por el mundo el recuerdo de sus virtudes, las que sus nietos han querido premiar con una obra inmortal.

Entre esa comisión de homenajes figuraban el Prof. Arturo Moré, el Esc. Emeterio Arrospide, el Representante Nacional Francisco Bustillo, Felipe H. Ortiz, Mario Bouyat, Edison Barbot, el Dr. Carlos I. Ladereche, Luis Bonino, Coralio Capillas, Dr. Lorenzo E. Foderé, Dr. Luis Baumgartner, Rómulo Zabalza, Juan Ginesta Navarro, Dr. Gonzalo Gardil, Florentino Beracochea, Alfredo Zaffaroni Cavajani, Francisco Garmendia, Santiago Sanz, Pedro del Barrio, Hipólito Unzaga, José Ma. Fuentes, Pedro Zuasnábar Lapitz, Jesús M. Arezo, Eduardo Bonino Fernando Luis Esteves y Antonio Aguerrebere.

En días anteriores en los diarios “La Mañana” y “El País” fueron publicados elogiosos artículos comentando la obra y como decía el diario “El País”, en su edición del 23/08/1927… “además del acto generoso que mañana festeja el pueblo de Minas, los hermanos Otegui se han distinguido siempre por su decidida cooperación con todo género de nobles iniciativas de progreso en Montevideo y en su ciudad natal”.

En “La Mañana”de 27 de agosto de 1927, el cronista, tras excusarse “por circunstancias imprevistas de no haber podido brindar con amplitud la información de la habilitación del puente donado al municipio minuano por los hermanos Otegui de Arostegui, algo que ellos resolvieron sin más estímulo que el del bien por el bien mismo resolvieron ejecutar, pagar y donar a la comunidad para que se sirviera de ella porque hacía falta, y como la iniciativa oficial no aparecía, creyeron del caso interpretar las circunstancias abriendo desinteresadamente su bolsillo”.

Guillermo Cuadri escribó: “el puente alto todos lo conocimos, y aún cuando ya no sea allá en un rinconcito de nuestra mente seguirá hamacándonos como muchas veces hamacó nuestros cuerpos con el temblor miedoso de sus alambres”.

Juan José Morosoli, “Pepe” como le llamaban sus amigos y compañeros de andanzas juveniles, los hermanos Otegui de Arostegui, escribió: “puentes para que crucen las máquinas de los hombres, las impaciencias de los hombres… de aquel otro puente que estaba cerca del bañadero, donde se aprendía a nadar y le hurtábamos tardes a la escuela y membrillos al monte”.

El Presbítero Olegario María Núñez expresó: “Pasa, pues, viejo y buen arroyo, pasa bajo ese arco de triunfo tendido por tus buenos hijos sobre las muchas aguas de tus evocaciones y recuerdos”.

Para concluir esta reseña, queremos compartir con nuestros lectores lo que inspiró al Dr. Gonzalo E. Gardil sobre el acontecimiento. “Los hermanos Otegui, con su valiosa donación, han dado no solamente una prueba acabada de su generosidad y patriotismo, sino que también, han dictado con el ejemplo, una magnífica lección de solidaridad social”.

Décimas de Clelio Quírici (fragmento)
Leído en la inauguración del Puente por la niña María Julia Iralde.

¡Gloria! Pues, a esos hermanos
en la sangre y en la idea,
en cuyas almas campea
sentimiento tan humano,
¡¡Gloria!! pues a Otegui Hnos.
que sin jactancia importuna,
retacean su fortuna
hecha del trabajo honrado,
para dejar un legado
al pueblo que fue su cuna.

Ya las aguas impetuosas
en sus frecuentes crecidas
no arrebatarán más vidas
por mil conceptos preciosas
no habrán horas angustiosas
ni habrá obstáculo insalvable
porque la acción encomiable
de esta gente bienhechora,
puso tabla salvadora
con esta obra formidable.

Brindemos por la salud
de esos preclaros varones
guardando en los corazones
la más honda gratitud,
y será, excelsa virtud
de un pueblo culto y consciente
recordar eternamente
a los que con tanto altruismo
demuestran su patriotismo
en forma tan elocuente.

 

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