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AGRUPAMIENTO ESCOLAR RURAL: CON LICENCIA PARA SOÑAR

Hasta la escuelita N°51 de Barra de los Chanchos arribaron 55 niños provenientes de las escuelas 23 de Gaetán, 44 de Casupá, 48 de Casupá, 56 de El Soldado, 68 de Santa Lucía, 106 de Gaetán y 110 de Chamamé, junto a sus respectivos maestros y comunidades para ser parte de una jornada socio cultural con el agrupamiento Confraternidad, una instancia disfrutable, emotiva, de intercambio y de crecimiento que prueba que las raíces continúan firmes.



Allí el tiempo transcurre de un modo diferente. La lluvia supo esperar y el sol hizo su mejor esfuerzo por aparecer. Los niños, protagonistas del presente y no siempre relegados a un futuro eterno, repletan de vida las aulas de la Escuela Rural N°51 de Barra de los Chanchos. Escuchan con atención y respeto una charla, se fascinan con cuentos bien contados, ingresan al fascinante mundo de los libros, aprenden a trabajar la tierra, comparten una manzana de las de antes, esas que el campo supo conservar y que el mercado no suele acercarnos, niñas y niños corren detrás de una pelota de fútbol, trepan juegos, los más chiquitos se sienten protegidos por los más grandes, contenidos por los docentes y acompañados siempre por sus familias.

Leidys Abreu, Maestra Directora de escuela locataria, realizó la introducción a la primera actividad del día, dando la bienvenida a la Dra. Leticia Gorriarán, la primera uruguaya distinguida por la Fundación de Ciencias de España entre las mujeres líderes de América, ya que la profesional concurrió a la Escuela rural Nº89 de Santa Lucía. Sentada junto a los escolares “porque ellos son los protagonistas”, Gorriarán habló del significado que la escuela rural tiene en su vida y acerca de los aportes que a la sociedad uruguaya en su conjunto. Recibida como Doctora en Medicina en 2001, con una Maestría en Farmacología Clínica y Farmacoeconomía y en Gestión de Servicios de Salud, afirmó que “simplemente transité un camino donde me ayudó mucho el haber tenido el pasaje por la escuela rural, donde se cultivan valores como la solidaridad, el trabajo en equipo, el respeto, los principios, entre otros, porque son las cosas sencillas las que marcan la huella”.

Elogió el trabajo de los docentes y el compromiso de las familias con las escuelas rurales, y dirigiéndose a los pequeños, transmitió: “Es posible soñar y ser lo que quieran ser: madre, agricultor, policía, constructor, pescador…. Lo importante es que no se auto limiten, que se animen, realmente se pueden cambiar cosas con la alegría, con compromiso, trabajo y responsabilidad”.

Resaltó que la educación toda, y la rural en particular, “tienen el desafío de volver a cautivar a la sociedad desde un enfoque dirigido a educar personas. Las escuelas rurales presentes en cada rincón de nuestro país son testimonio vivo de nuestra historia. En un presente tan pasajero, estas escuelas guardan el encanto más puro de ser comunidad, de ser un verdadero espacio de encuentro entre las personas de la zona”.

La escuela rural “sigue ofreciendo condiciones excepcionales para la puesta en juego de la creatividad, el aprendizaje y el relacionamiento entre niños de diferentes edades, el maestro y la comunidad. Sentir que eso sigue siendo posible conmueve el espíritu, ayuda a combatir dificultades de la cotidianidad y nos motiva a seguir soñando”, afirmó.

“Desde nuestro humilde lugar -agregó- seguiremos luchando para que el interior sea escuchado, para ser la voz de los que hasta el momento no han tenido voz. Debemos hacer visible lo invisible”, continuó.

Recordó el tiempo en que la vida hizo que debiera trasladarse a Minas para cumplir con los estudios secundarios, etapa de dudas, incertidumbres y miedos. “Todos tenemos miedos, todos sentimos que no vamos a poder en algún momento, pero se trata de estimular esa fuerza interior y volcarlo en lo que creemos que podemos hacer. No importa qué pero que lo que hagas realmente sientas que puedes brindar tu mejor versión”, transmitió.

En este sentido, los Maestros “tienen un rol importante como agente de desarrollo, facilitan encuentros, articulan recursos y promueven el trabajo en red, siembran futuro. La escuela rural, como única presencia estatal y de lo público en la mayor parte de las comunidades rurales es una institución que mucho más allá de lo educativo. Históricamente la impronta social de la escuela rural ha contribuido a formar identidad y que el vecino se acostumbre a ver la escuela como si fuera parte de su propia casa. El desarrollo rural se construye entre todos”, manifestó en la charla la Dra. Leticia Gorriarán.

Julio Ibarra Acosta, Maestro Coordinador CAPDER (Centros de Apoyo Pedagógico Didáctico para Escuelas Rurales) para Lavalleja, valoró “enormemente que Leticia (Gorriarán) esté acompañando al Agrupamiento, del que me siento parte”. Expuso sentir “un afecto muy especial por esta zona” y, más allá de los cambios propios de este tiempo, afirmó que la escuela rural “mantiene una impronta que es la del compromiso, la de la familiaridad”, cuestiones que sostuvo se mantienen inalterables “a pesar de que la sociedad ha cambiado y que la vida es mucho más acelerada que antes”, y confiando en que ello se pueda seguir manteniendo.

La Mtra. Leidys Abreu, Directora de la Escuela N°51 de Barra de los Chanchos, aportó otros detalles sobre la jornada socio cultural que contó, además, con la participación de la maestra narradora Gabriela Villagrán, “quien nos deleitó con las maravillosas historias, con motivo de celebrar el día del libro” y donde las escuelas participantes también hicieron sus intervenciones con presentaciones, acrósticos y adivinanzas.

El Agrupamiento Confraternidad está cumpliendo sus 31 años de funcionamiento. Lleva adelante proyectos relacionados con la alimentación y la huerta orgánica. Por ello, en la jornada se contó con la participación de Julio Martínez, del Área de Desarrollo de la Intendencia de Lavalleja, “quien nos enseñó a elaborar biofertilizantes”.

A su vez, con motivo de conmemorar el Día Mundial Sin Humo de Tabaco “contamos con la presencia desde la Comisión de Lucha contra el Cáncer de la asistente social Norma Rodríguez, quien abordó la temática haciendo tomar conciencia a los niños de los riesgos para nuestra salud del tabaquismo”.

El Mtro. Julio Ibarra sumó poemas y canciones acompañado por su guitarra y realizó la entrega de un gorro de lana tejido por la hija del escritor Juan José Morosoli, “en su gran desafío que a su edad se ha marcado: entregar un gorrito de lana tejido por ella a cada uno de los niños de las escuelas rurales del departamento”.

También estuvo presente la Biblioteca Pública Móvil, que además de la muestra de libros, realizó lecturas y préstamos de ejemplares a niños y adultos, “así como también conocimos algunos de los aspectos de la educación y los libros en Guatemala, tal como nos informó Olga Urizar, una de las organizadoras del proyecto”.

“Fue un placer recibir a la Dra. Leticia Gorriarán, con la sencillez que la caracteriza, para contar su historia de vida y transmitir a los alumnos de las escuelas rurales el mensaje de que es posible desde el lugar que ellos están creciendo y educándose alcanzar los sueños que se proponen. Brindó consultas médicas a la comunidad, dando una oportunidad única de atención de salud en éstas zonas rurales”, puntualizó la docente.

“Fue una jornada muy intensa, cargada de emociones, socialización y aprendizajes muy provechosa para todos los niños que hoy están concurriendo a nuestras escuelas rurales y también para sus comunidades”, valoró Leidys Abreu, Maestra Directora de la Escuela N°51 de Barra de los Chanchos, a modo de balance de la jornada socio cultural realizada con el Agrupamiento Escolar Confraternidad.

 

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